Edith Stein, la Santa Teresa de nuestro tiempo

Irene Chikiar analiza en una biografía definitiva a Santa Teresa Benedicta de la Cruz como una vida en búsqueda de sentido.

Irene Chikiar

(Omnes/ 9 agosto 2026) El 9 de agosto se celebra la fiesta de una de las mayores santas contemporáneas europeas: Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein. Filósofa sobresaliente y discípula de Husserl, judía, conversa al catolicismo, carmelita y mártir de la persecución nazi en el campo de concentración de Birkenau. Es una de las patronas de Europa. Posiblemente el mejor acercamiento biográfico que se ha realizado sobre ella está en la monumental biografía Edith Stein. Judía. Filósofa. Santa, publicada por Taurus en 2025 y redactada por la argentina Irene Chikiar Bauer. 

La autora del libro es doctora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, magíster en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural y profesora en la Universidad de San Martín y en la de San Antonio de Areco, y autora de otra biografía exhaustiva sobre Virginia Woolf. Atiende a Omnes en Madrid para dar a conocer la obra sobre una personalidad filosófica y religiosa de primer orden.

¿Qué le atrae el perfil de Edith Stein? ¿Por qué se empezó a interesar por su figura? 

–Cuando Juan Pablo II la canoniza en 1998, me entero de esta mujer. Me parece impresionante un camino que va del judaísmo a su alejamiento de la fe de sus mayores a los 13 años. Se considera agnóstica, se dedica al estudio, le encanta la literatura, la historia. Luego descubre la filosofía, se hace las grandes preguntas del ser humano, que son las grandes preguntas filosóficas, pero más bien centradas en la experiencia, en el conocimiento de las cosas, y de uno mismo. A través de eso llega a la conversión.

Me parece una figura fundamental para nuestro tiempo, que es un tiempo que escinde la razón de lo religioso, generalmente en el común de las personas. 

Y ella elige el camino religioso, cuando no la dejan ser profesora ni conferenciante, exitosa como era; ella siempre había querido ser carmelita, y cuando eso se interrumpe, piensa que es el momento de lo que ella quería, entrar en el Carmelo.

Tiene muchos rasgos que la hacen especial. En el libro, por ejemplo, se resalta su feminismo pionero.

–Virginia Woolf, que es mi otra biografía anterior voluminosa, también es una pionera y una precursora del feminismo, pero no se definía así misma como tal. Y es de 1882. Edith nace nueve años después, pero a diferencia de Virginia Woolf, ella sí va a la universidad, y allí se descubre feminista, porque piensa que las mujeres tienen que tener los mismos derechos que los hombres. Hay amigas suyas que estudian en la universidad, pero se plantean su “doble vocación”: ¿qué pasa si se casan? ¿Tienen que dejar todo? Muchos no veían compatible tener una familia con tener una profesión. Ella decididamente se pone a favor de que se puedan hacer las dos cosas. En ese sentido ella se consideraba feminista y lo dice. 

También es una militante política, porque milita en la República de Weimar. Claro que se desilusiona pronto, porque dice que para la política es necesario tener una conciencia robusta y una piel espesa. 

Desde ese momento ya se lanza completamente a la filosofía, y a través de la filosofía. En esta etapa de la fenomenología se produce su camino a la conversión. No es la única, porque Husserl se había convertido también al cristianismo, y Adolf Reinach, que es una personalidad excepcional, y era el primer asistente de Husserl, también se convierte. Hay unas conversiones que tienen que ver con una convicción íntima, en momentos realmente trágicos. Esto, para nuestra época, para las personas que no tienen la experiencia religiosa, es sumamente llamativo. Ven que personas que viven experiencias realmente espantosas, y en vez de resentirse con la vida y abandonarlo todo, encuentran esta experiencia religiosa, y la búsqueda de lo trascendente.

Como enfermera

Edith Stein, en la Primera Guerra Mundial trabaja de enfermera, ¿cómo le influye este trabajo? 

–Es fundamental. No puede soportar que estando Reinach y todos sus amigos varones en la guerra, ella no pueda hacer nada. Se ofrece como enfermera. Primero va a la clínica donde su hermana Erna es médica, se forma y va.

Esto es importantísimo para las enfermeras. De hecho, la parte más extensa de su autobiografía la dedica a su etapa como enfermera, y con gran precisión. Escribe con una entrega de lo que es el trabajo. Tiene una empatía tal con los enfermos, que creo que esa experiencia le sirve mucho cuando escribe su tesis sobre empatía. Por lo que ha vivido ahí: ha tenido que curar enfermos que no pueden ni hablar, que tienen que comunicarse con la mirada, o tiene enfermos que no hablan el idioma, 

El tema de la empatía en Stein, es algo muy moderno, en el sentido de que hoy es de plena actualidad, ¿no? 

–La empatía es una palabra muy usada y muy poco practicada. Edith Stein contrasta con opiniones anteriores que decían que la empatía era un sentir a una; ella dice que no, sino sentir lo que siente el otro, pero sabiendo que eso es del otro. Eso es la real comunicación, lo otro es contagio. Esa empatía también requiere una decisión ética, y en eso Edith Stein fue una maestra.

Siempre tuvo decisiones éticas frente al otro, y ella afirma que “el fin del hombre es que su voz suene con las demás”. 

También hay algo muy interesante en cómo nunca reniega de su judaísmo, en una época donde había una propaganda anti judía tremenda en Alemania. Siendo profesora y conferenciante, y ya católica, dice esta frase: “El Señor eligió un pueblo para nacer en él, durante su vida terrena habló la lengua de este pueblo, pensó con sus metáforas e imágenes, observó sus costumbres, le dedicó todas sus energías y le ha dado a cada pueblo una misión en esta tierra y para la eternidad, y a cada una de las personas, una misión dentro de este pueblo”. Es una mujer ecuménica, de avanzada, increíble.

Es una figura de primer orden, pero quizá no sé si suficientemente conocida. 

–Es poco conocida, salvo en el mundo católico, carmelita especialmente, porque cuando entra al Carmelo, a ella ya no le interesa más ser la filósofa reconocida. Luego llega el nazismo, la matan, y nadie quiso acordarse de ella.

Yo me siento muy bien por haber traído a una editorial como Penguin (Taurus), que es una editorial mundial, y que no es un sello religioso, esta personalidad.

A mí me ha servido tremendamente un libro de Alasdair MacIntyre, porque él también, desde la filosofía, escribe sobre la importancia de Stein y sobre muchas de sus intuiciones, que si pudiera haber seguido trabajando desde filosofía, no se sabe dónde hubieran ido, y que después ha desarrollado también la fenomenología. Ella tiene grandes anticipaciones, como el intento de conciliar fenomenología con santo Tomás de Aquino.

Es un puente también entre la fe y la razón, ¿no? 

–Es lo que me impactó tanto. Una persona que abandona la fe de los mayores, que se declara agnóstica, que se dedica a estudiar como una loca, brillante, y valora la razón como lo más grande, llega al camino de lo religioso y esa conciliación entre el saber y la espiritualidad, que no se excluyen. Eso es muy llamativo.

A la fe desde la razón

Ella llega a la fe desde la razón…

–Sí, llega desde el agnosticismo. Entonces, ¿cómo llega a esta experiencia religiosa y con esa profundidad? Edith Stein, cuando escribe su autobiografía, ya está el nazismo en la cima del poder, y sus confesores, el ambiente católico, le piden que escriba su historia porque es la forma que entienden de tratar de contrarrestar la propaganda horrible del nazismo.

Entonces ella escribe para mostrar la realidad de la familia judía, que no tenía nada que ver con lo que mostraba la propaganda nazi. Pero al escribir también en ese contexto, también hay muchas cosas que ella no habrá dicho. 

¿Por qué se convierte leyendo a Santa Teresa? 

–Cuando ella empieza a pensar en una figura trascendente, en Dios, dice: mi camino va a ir por el cristianismo, pero no sabe si se va a hacer luterana, como la mayoría de los alemanes, o católica. Al estilo Edith Stein, no se sienta a esperar a ver qué pasa, sino que se pone a leer todo lo que puede: teología luterana, católica… En un momento, le llega a las manos el libro de Teresa de Ávila, El Libro de la Vida. Y ve que es su camino, y quiere ser carmelita. ¿Por qué? Una de las cosas que Teresa no dice es que su abuelo era judío. Cuando uno lee el Libro de la Vida, se ve que Teresa todo el tiempo está diciendo lo que importa es cómo actúes en el mundo, los hechos, no de dónde vienes. 

Para mí Edith Stein es la Santa Teresa de nuestro tiempo, aunque el contexto es diferente, porque no vivimos una sociedad religiosa. Santa Teresa y San Juan viven una sociedad muy religiosa, tienen un montón de enemigos, pero también tienen un montón de seguidores, por eso pueden hacer una reforma, y fundar conventos. Edith Stein llega en el siglo XX, cuando ya es la época caracterizada después del positivismo por el imperio de la razón.

Es realmente increíble que siendo así, ella retome el camino de la espiritualidad. 

También hay que advertir que San Juan de la Cruz y Santa Teresa, por más que hubieran tenido un montón de enemigos, al final de su vida estuvieron rodeados de gente que los quería. Edith Stein se muere sola en un campo de concentración, rodeada de víctimas como ella. 

¿Podría haber evitado su martirio? 

–Se podría haber escapado. En un momento, las Carmelitas en Alemania, para protegerla, proponen mandarla a Holanda, pero cuando estalla la guerra y los nazis invaden Holanda, tratan de sacarla de allí. La intentan llevar a Suiza, pero una de sus hermanas, que también se había convertido, estaba trabajando de portera en el convento, y Edith Stein se negó a marcharse sin su hermana. En esas demoras, finalmente los nazis se la llevan, en represalia a la carta de los obispos holandeses contra el nazismo, en el contexto de una venganza que fue ir a buscar a todos los judíos que se habían convertido, o mucha gente que se había casado con judíos. Son las primeras deportaciones a los campos de concentración para los judíos. Ahí es donde la matan, en Birkenau.

¿Cuál es su faceta más notable?

–Es indicativo el nombre que elige al entrar en religión. Elige Teresa, obviamente por Teresa de Avila; Benedicta, porque estuvo mucho con los benedictinos (muchos se preguntaban por qué no se hizo benedictina) y de la Cruz. En su nombre está todo, está esa coherencia y esa ética. 

Lo que impacta en Edith Stein, lo que conmueve de ella es esa búsqueda de sentido. Muchas biografías católicas han dicho que es una buscadora de la verdad. Pero desde una perspectiva más secular es una buscadora del sentido de la vida.

Por: Jose Maria Navalpotro

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