Liz Sánchez, especialista en longevidad femenina: «Tu cuerpo después de los 60 no está en declive, está respondiendo a cómo lo has cuidado durante los últimos 20 años»

Muchas mujeres llegan a los 60 convencidas de que el cansancio, la pérdida de fuerza o el aumento de peso son consecuencias inevitables de la edad. Sin embargo, la divulgadora especializada en salud y longevidad femenina Liz Sánchez plantea una idea que cambia por completo esa perspectiva: el cuerpo no deja de responder, simplemente refleja los hábitos que ha recibido durante años. Estas son las cuatro verdades que, según ella, pueden marcar un antes y un después en cómo vivimos esta etapa.

(Womenshealth/ 9 agosto 2026) Hay una frase de Liz Sánchez que invita a replantearse por completo la manera en la que entendemos el envejecimiento: «Tu cuerpo después de los 60 no está en declive, está respondiendo a lo que has hecho con él los últimos 20 años».

Lejos de ser un mensaje culpabilizador, la experta insiste en que es una llamada a recuperar el control. Porque si el organismo responde a los hábitos que hemos mantenido durante décadas, también puede responder cuando empezamos a cuidarlo mejor. «Cuando entiendes eso, todo cambia», asegura.

La ciencia lleva años demostrando que el envejecimiento no depende únicamente de la fecha de nacimiento. La alimentación, el ejercicio, el descanso o el manejo del estrés influyen de forma directa en cómo funciona nuestro metabolismo, en la calidad de nuestra masa muscular e incluso en nuestra capacidad para mantener la autonomía con el paso del tiempo.

Y precisamente ahí se encuentran las cuatro grandes claves que Liz considera imprescindibles para cualquier mujer que quiera llegar a la madurez con más salud y calidad de vida.

1. Perder músculo significa perder mucho más que fuerza

Existe la creencia de que entrenar fuerza es algo reservado para personas jóvenes o para quienes buscan un objetivo estético. Sin embargo, la realidad es muy distinta.

El músculo es uno de los tejidos más importantes para envejecer bien. No solo permite levantar peso o caminar con mayor facilidad, sino que participa en el equilibrio, protege las articulaciones, mejora el metabolismo y reduce el riesgo de caídas.

«La pérdida de músculo no es solo perder fuerza, es comenzar a perder independencia», explica Liz.

A partir de los 30 años la masa muscular comienza a disminuir de forma progresiva si no se estimula, un proceso que se acelera especialmente tras la menopausia. Por eso, incorporar ejercicios de fuerza dos o tres veces por semana puede marcar una enorme diferencia en la calidad de vida de las próximas décadas.

Entrenar fuerza no busca parecer más joven; busca mantenerse funcional durante más tiempo.

2. Tu metabolismo no está roto: necesita nuevos estímulos

Muchas mujeres sienten que, después de los 50 o los 60, hacen exactamente lo mismo que antes y aun así ganan peso o tienen menos energía. Esto suele llevarlas a pensar que su metabolismo «ha dejado de funcionar».

Pero Liz propone cambiar esa idea. «Tu metabolismo no está roto, solo lleva años recibiendo señales equivocadas«, afirma.

Durante años, muchas mujeres han recurrido a dietas muy restrictivas, han eliminado grupos de alimentos o han reducido drásticamente las calorías para intentar controlar el peso. El resultado suele ser el contrario: menos músculo, menor gasto energético y más dificultad para mantener una composición corporal saludable.

El metabolismo sigue siendo adaptable, pero necesita los estímulos adecuados: una alimentación suficiente, entrenamiento de fuerza, actividad física diaria y constancia.

No se trata de buscar soluciones rápidas, sino de enviar al cuerpo el mensaje de que merece conservar músculo, energía y vitalidad.

3. La proteína deja de ser un complemento para convertirse en una prioridad

Uno de los errores más frecuentes en mujeres a partir de los 60 es consumir menos proteína de la necesaria.

Mientras que durante años este nutriente se ha asociado casi exclusivamente al deporte, la realidad es que desempeña un papel esencial durante el envejecimiento.

«La proteína no es solo para atletas. Después de los 60 es esencial«, recuerda Liz.

Consumir una cantidad adecuada favorece el mantenimiento de la masa muscular, ayuda a preservar la fuerza, aumenta la sensación de saciedad y participa en numerosos procesos fisiológicos relacionados con la recuperación y la salud.

Cuando la ingesta de proteína es insuficiente, el organismo pierde tejido muscular con mayor facilidad, algo que repercute directamente en la movilidad, la estabilidad y la capacidad para realizar tareas cotidianas.

Por eso, cada vez más especialistas recomiendan distribuir la proteína a lo largo del día y acompañarla de ejercicios de fuerza para potenciar sus beneficios.

4. Los 60 pueden convertirse en el inicio de una nueva etapa

Quizá la idea más revolucionaria que comparte Liz Sánchez es que cumplir años no tiene por qué significar empezar un declive inevitable.

«A los 60 comienza tu segunda juventud biológica», afirma. No habla de volver a tener el cuerpo de los 20, sino de aprovechar la extraordinaria capacidad que conserva el organismo para adaptarse cuando recibe los estímulos adecuados.

La investigación ha demostrado que el cerebro mantiene su capacidad de aprendizaje gracias a la neuroplasticidad, que el músculo puede desarrollarse incluso en edades avanzadas y que mejorar los hábitos repercute en la energía, la movilidad, el estado de ánimo y la salud metabólica.

Nunca es demasiado tarde para empezar a entrenar fuerza, mejorar la alimentación o dormir mejor. El cuerpo sigue respondiendo, incluso cuando muchas personas creen que ya no merece la pena intentarlo.

Por eso Liz insiste en cambiar la pregunta. En lugar de preguntarse si la edad permite mejorar, propone otra mucho más útil: ¿estoy dispuesta a aprender cómo hacerlo de forma estratégica?

Con esa filosofía ha desarrollado un programa de 21 días centrado en hábitos sostenibles, entrenamiento de fuerza, una mayor ingesta de proteína y acompañamiento, alejándose de las dietas extremas y las soluciones milagro.

Porque, al final, el verdadero mensaje no gira alrededor de la edad.

El problema no es cumplir 60 años. El problema es haber dejado de cuidar el cuerpo durante demasiado tiempo creyendo que ya era tarde para cambiar.

Y esa es, precisamente, la mejor noticia: mientras el cuerpo siga vivo, también conserva una enorme capacidad para adaptarse, fortalecerse y responder a los buenos hábitos.

Por: Marina Salamanca

Marina Salamanca Blanco redactora digital de fitness para Womans Health, analiza y comparte las últimas tendencias del sector. Graduada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su pasión por el deporte la ha llevado a especializarse en esta área, convirtiéndose en una referencia para quienes buscan información actualizada y fiable sobre entrenamiento, bienestar y estilo de vida activo. 

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