Cáncer superado / Ana Cristina Garcia

Ana Cristina Garcia

He conocido muchas personas con este padecimiento, unas muy cercanas que ya no están físicamente con el dolor que reviste el sufrimiento y la pérdida, otras la están transitando. En mi caso ha sido necesaria la intervención de histerectomía total por tumores con presencia cancerígena en etapa incipiente hace ya 22 años. Y creanme, esto obliga a reflexiones y replanteos.

No puedo dejar de sentir cierta alarma cuando escucho luego de ese primer diagnóstico y posterior proceso de atención de la enfermedad comentarios de: yo ya superé el cáncer, he luchado y gane la batalla, lo he vencido. Se observa euforia, el cabello crecer nuevamente, los tratamientos distanciados, las revisiones periódicas que hacen pender la tranquilidad de un hilo hasta la llegada de los resultados, recuperar la normalidad con una fragilidad presente que recuerda permanentemente que algo estaba haciendo estragos en la vida sin permiso y control. El cristal se ha roto y ese enorme ejército que acompañó en esa primera batalla se derrumba cuando el cáncer en muchos casos reaparece; dejando sin fuerzas y con la negativa de pasar por ello nuevamente.

En mi desempeño como impulsadora de cambios, abordando casos desde distintas herramientas, tengo la oportunidad en consulta de compartir distintos procesos con distintos tipos de cáncer.  Sé que enfrentar una enfermedad como ésta considerada de alto impacto por los antecedentes y referencias que se manejan, es acercarse al fin de la vida y eso naturalmente asusta, se entra en un pánico que juega en detrimento al éxito de los tratamientos. Pero qué sucede y cuál es el punto que me ocupa en estas líneas; cuando se aborda la enfermedad desde la lucha o desde una batalla campal sin tregua. Donde expresiones como: esta enfermedad no va a poder conmigo, son aupadas por un colectivo que intenta con buenas intenciones  inyectar optimismo y razones para no rendirse.

Para mi es exactamente lo contrario, rendirse es el punto de partida y permítanme explicarlo. Las estadísticas, por nombrar alguna de ellas en la parte occidental cada 1/2 hora se pronostica un cáncer de mama, esto aunado a distintos estudios que determinan la poca efectividad de la quimioterapia en un porcentaje aproximado del 2.1% representando un bombardeo químico de altísimo toxicidad para el organismo. Podríamos hacer mención al cáncer de colón y de próstata y no sorprende que el índice de mortalidad por cáncer sea mayor en hombres que en mujeres, y es que al hombre se le dificulta aún más manejar su emocionalidad  por crianza y cultura. Exteriorizan muy poco su mundo interno y suele hacer estragos en la salud cuando no es atendido.

Ahora bien, cuando hablo de rendirse hago referencia a esa aceptación que no tiene que ver con el no hacer nada por la recuperación, al contrario implica asumir la responsabilidad de lo que está aconteciendo, de que esto se ha presentado para y por alguna razón con la cual se ha de compromete, profundizar y trabajar en sí mismo.  Cómo se inició la enfermedad, cuáles han sido las condiciones emocionales presentes, como está mi mundo relacional, mis experiencias y en definitiva que está pasando conmigo para que un padecimiento como el cáncer me haga un llamado necesario a la velocidad  y a estados de inconsciencia de cómo se está llevando la propia vida, algunas preguntas que deben estar presente.. Esto obliga a una revisión exhaustiva que siempre develará información importante que omitimos por nuestro propio estado de automatismo  y a veces por soberbia y rebeldía.

El trabajo en consulta pasa por explorar todas estas variantes que están presentes en estado inconsciente, precedido por situaciones dolorosas o de impacto que el paciente se niega muchas veces a abordar, llegando al extremo de preferir dejarlos ocultos antes de dar luz a esos espacios de sufrimientos silentes que dan origen a muchas enfermedades. Depresión, tristeza, abandono, rechazo, episodios como violaciones considerados vergonzosos, duelos no hechos, lágrimas no derramadas, secretos de familia, identificaciones inconscientes, lealtades familiares invisibles, discursos silenciosos que se convierten en venganza hacia a otros que generan un daño propio.

Lamentablemente los que padecen o han padecido esta enfermedad pasan a ser solo un número y reciben muy poco apoyo en la parte emocional que es la que observo como base principal desencadenante de la enfermedad. Estar ante un diagnóstico de estas características paraliza,  el miedo paraliza y a consecuencia de este miedo también se detiene el sistema que preserva la vida.

Es indispensable conocer qué elementos abonaron el terreno para que esta enfermedad apareciese. Cuál es la estructura de pensamiento, sentimiento e información por la que se navega, con qué pensamientos nos quedamos dormidos, cuál es el alimento que nutre nuestras horas, a que le damos mayor peso: al estrés, a la ansiedad o a la paz y la tranquilidad. El cuerpo es un subproducto de cómo procesamos la vida ante las distintas circunstancias, acontecimientos y cómo abordamos los conflictos, o si nos reservamos  todo  aquello que no supimos resolver por no tener las herramientas y negarnos a solicitar la ayuda necesaria para que luego estos mismos elementos socavar todo a su paso a nivel interno.

Existen cada vez más descubrimientos que la ciencia pone a disposición, como el extraordinario trabajo realizado por el biólogo celular Bruce Lipton en “La Biología de la Creencia”. Permítase, investigar, explorar sobre la enfermedad, sobre su emocionalidad, solicite ayuda, adquiera herramientas para hacerle frente si desea continuar bajo tratamientos tradicionales pero involúcrese en su efectividad y en definitiva conozca a ese ser humano que es usted que es más que un cuerpo. Infórmese cómo funciona, qué siente  y responsabilice la forma como la vida ha decidido llamar su atención a través del cáncer. No se plantee la enfermedad como una lucha, creo que no será la forma cómo conseguirá que coopere y responda a los tratamientos. Reconocerla, aceptarla, respetarla y si es posible para usted muestre un poco de amor, porque igual es parte de su creación y  está allí para mostrarle lo que va contrario a su vida y que usted no ha podido ver, también sé que es la parte más difícil de lograr, pero se puede y recuerde una máxima “Lo que no se expresa por palabras se expresa por dolores”.

Por: Ana Cristina García/Impulsadora de cambios

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