¿Es irreparable la suerte de una generación?

(29 junio 2025) Los amaneceres a veces pueden ser crueles. Abrir los ojos y en lugar de ser invadidos por recuerdos agradables, memorias amables, torturarnos pensando en los daños que resentimos segundo a segundo en el hogar y en las calles, con la plena conciencia de aquellos asuntos que tememos calificar como casi imposibles o irreparables. Mi lista comienza por la desnutrición que sufren vastos sectores de la población, especialmente los que comienzan a crecer, en los inicios del proceso de poner en marcha sus potencialidades para lograr lo que más deseen en la vida, los menores de 6 años carentes de acceso a la leche su alimento esencial e insustituible. Soy madre y no puedo imaginar cómo hubiese sido tener a mis hijos en esa edad sin la leche indispensable para alimentarlos. La desnutrición infantil después de muchos años de haber sido considerada como un problema superado vuelve a azotarnos con una inclemencia que se deriva de imponer su condición extrema al crear daños irreparables. Los alimentos que nuestros niños no consumieron, las proteínas que no tuvieron a su alcance, aquellas responsables del desarrollo de sus potencialidades neuro motoras, generan una condena, una pérdida de la posibilidad de crecer a plenitud, el poder llegar a ser pioneros en campos como la ciencia, el deporte, el arte o simplemente ser personas normales. Según Cáritas en Venezuela: “30% de los niños presenta retraso en el crecimiento por desnutrición crónica”.

Su destino está fatalmente disminuido y esto ha ocurrido frente a nuestros ojos. En cierta manera, aunque nos neguemos a aceptarlo, hemos sido cómplices del robo del futuro de una generación de venezolanos. 

Según Susana Raffalli, el retardo de crecimiento en nuestros niños en Venezuela  aumentó de 11% a 35% a partir del año 2021. Mientras él déficit de producción de leche se ubica en 48%, situación que afecta a 80% de la población en situación de pobreza.

La segunda gran turbulencia ha ocurrido en el campo educativo, los niños desertan de las escuelas por hambre. Los recursos para que funcionen no están en el horizonte, no existen las redes de comedores escolares, los planes de alimentación escolar no cubren a los más pobres. El daño educativo es extenso, incluye la imposibilidad de aprender oficios por falta de instituciones cuya misión sea capacitar, preparar a la nueva generación para el trabajo. La crisis de las universidades aumenta peligros futuros, la escasez de recursos a la educación es uno de nuestros peores males. El hambre de los maestros, la agonía de los profesores universitarios que después de haber entregado su vida a la docencia languidecen en la miseria sin alimentos y sin cobertura a sus problemas de salud. El deterioro de las edificaciones escolares, que antes nos enorgullecían, ahora ruinas, sin servicios sanitarios y sin materiales pedagógicos para educar. Un cúmulo de daños que agudiza el robo del futuro a todos aquellos que perdieron la oportunidad de aprender en su momento. 

El salario mínimo de los profesores universitarios en países como Panamá, Ecuador y Costa Rica supera los 1.000 dólares por mes. La Asociación de Profesores de la Universidad Central de Venezuela (Apucv) señaló que el salario de un profesor universitario en abril de 2025 oscilaba entre los 2 y 6 dólares al mes. La tabla publicada por la asociación en sus redes sociales destacó que un profesor instructor a dedicación exclusiva ganó 4 dólares al mes, mientras que un educador agregado a dedicación exclusiva percibió alrededor de 5 dólares mensuales. Por su parte, un docente asistente a medio tiempo recibió 2 dólares y un profesor agregado a medio tiempo, por ejemplo, obtuvo 2,2 dólares. Según Encovi, “sólo la mitad de la población escolar en Venezuela asiste regularmente a clase y ese 50% de niños que falta regularmente a clases, 28% lo hace por falta de agua en sus hogares, 15% por falta de electricidad, 22% por falta de comida, 13% por falta de comida en las escuelas y 17% por falta de transporte público”.

El tercer gran daño, casi irreparable, es la suerte de los menores de 20 años en los sectores más pobres, en los barrios y en las comunidades rurales. Una población que ha crecido en medio de la miseria, la represión ciega, mala alimentación, con familias deshaciéndose, parte de la inmensa diáspora que huye en búsqueda de medios para sobrevivir. Viendo de cerca cómo el mal se concentra y surgen iniciativas perversas desde las cárceles como el Tren de Aragua, liderada por individuos que nunca optaron entre el bien y el mal, no tuvieron la oportunidad de decidir entre destruir o construir, alejados o ciegos ante una visión ética de la vida. Personas que desde sus prisiones dirigen una internacional del crimen que avergüenza a los venezolanos y que nos genera repulsión mundial. 

Se trata de una generación que ha crecido en un tiempo traumático, sin comida, sin educación, con hogares en crisis, enfrentando la mentira de medidas perversas como el programa “La Chamba Juvenil”, ideado  para que los jóvenes crean que educarse no es su prioridad y que pueden gastar su tiempo sin aprender, alejados de la posibilidad de capacitarse mientras en sus bolsillo resuenen algunos cobres que les cubra sus necesidades más elementales, diversión, ropa, celulares y francachelas.

Gran parte de esta generación, tenemos que reconocer, que aceptar, ha vivido en medio del trauma, no sabe lo que es el respeto al otro y la responsabilidad individual como compromiso existencial con el futuro.

Los amaneceres pueden ser tortuosos si nuestra mente es ocupada por estos pensamientos que nos castigan, es como enfrentar a un sediento y no poder darle agua, o un enfermo que agoniza y no poder suministrar medicinas, ni alivio.

Sin embargo, somos conscientes de que no hay nada más poderoso que la voluntad humana de cambiar, construir otros caminos, esa es la gran oportunidad y deber que tenemos enfrente. Repetir hasta el cansancio que el mayor privilegio del ser humano en cualquier circunstancia es la de “poder cambiarse a sí mismo”, un privilegio único en el universo. Podemos creer que encontramos algunos remedios temporales, autoengañarnos pensando que las soluciones empiezan a brotar, pero son simples calmantes ante el dolor. Sabemos que tenemos que ver con claridad, encontrar las respuestas, las reales soluciones y luchar por ellas con valentía. No podemos aceptar un ”Xi Jinping” que se erige como dictador absoluto en China, dueño de la vida de la gente de ese país, como algo irremediable. Nuestras angustias si tienen salidas, pero hay que esforzarse en hallar el camino. No surgirá de la nada sino de lo más poderoso del universo, nuestra base religiosa espiritual que nos otorga una voluntad de poder y conciencia de nuestra responsabilidad individual, base de nuestra dimensión moral. 

Basta de peleítas egoístas, todos somos víctimas y cómplices, aun sin querer. Luchemos unidos, hay que crear la plataforma desde la cual comenzar a enfrentar “lo irreparable” para que surja lo aspirado, imaginado y posible…

Fuente: El Nacional
Por: Isabel Pereira Pizani

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1 comentario

  1. Vamos a reflexionar
    Un llamado al alma de Venezuela… y del mundo 😥
    Dios creó un mundo perfecto. Pero nosotros, los seres humanos, lo hemos ido desfigurando con nuestras propias manos. Nos sentimos poderosos, incluso dueños de los demás, olvidando que la verdadera grandeza está en cuidar, no en dominar.

    Si hablo de mi país, Venezuela, el dolor se vuelve más cercano. La educación, la salud, la alimentación… pilares fundamentales de una sociedad digna, hoy están profundamente deteriorados. Y me duele. Me duele por los niños y adolescentes que no han tenido, como yo, la oportunidad de recibir una buena educación, de crecer sanos, de alimentarse con dignidad.

    A veces, quisiera tener una varita mágica para rescatarlos a todos. Para devolverles la esperanza. Para reconstruir lo que otros han destruido.

    Permita el Todopoderoso
    🙏📿🙏 que logremos reconciliarnos como país. Que dejemos atrás la división, el egoísmo, la indiferencia. Que entendamos, como humanidad, que la Tierra no le pertenece a uno solo, ni a un grupo privilegiado. Nos pertenece a todos.

    Las guerras, los conflictos, el odio… ¿por qué? Si este planeta fue hecho para compartirlo, no para destruirnos entre nosotros.

    Hoy levanto mi voz con fe. Por Venezuela. Por el mundo. Por un futuro donde la justicia, la paz y la compasión no sean utopías, sino realidades.
    🌎🇻🇪

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