Las palabras importan: un grupo de médicos quiere desterrar a la ‘vergüenza’ de la anatomía femenina
Los anatomistas han dicho adiós al patriarcado de siglos del término ‘pudendum’, pero los términos relacionados con él permanecen.
Fuente: https://www.nytimes.com/ Puedes leer la noticia original aquí.

Allison Draper estaba encantada con su clase de anatomía. Como estudiante de primer año de medicina en la Universidad de Miami consideraba que el lenguaje era claro, preciso y funcional. Podía buscar el término en latín de casi cualquier parte del cuerpo y hacerse una idea de dónde estaba y qué hacía. El flexor carpi ulnaris, por ejemplo, es un músculo del antebrazo que dobla la muñeca, exactamente como su nombre indica.
Pero un día buscó el nervio pudendo, que proporciona sensibilidad a la vagina y la vulva, o a los genitales femeninos externos. El término deriva del verbo latino pudere: avergonzarse. El nervio de la vergüenza, señaló Draper: “Me quedé fría… dije: ‘¿Qué? ¿Perdón?’”.
La cosa empeoró. Cuando su profesor le entregó un ejemplar de la Terminología Anatómica, el diccionario internacional de términos anatómicos, se enteró de que el término latino para la vulva —que incluye los labios internos y externos, el clítoris y el montículo púbico— era pudendum. Traducción: la parte de la que hay que avergonzarse. No había una palabra equivalente para los genitales masculinos.
Y, en ese momento, se enfureció.
La anatomía como ciencia comenzó en la Italia del siglo XVI, y era una materia manejada por los hombres cultos. En aquella época era difícil encontrar un cadáver femenino, y mucho menos una mujer anatomista. No es de extrañar, pues, que algunas palabras puedan sonar indelicadas para los oídos modernos. Lo que le sorprendió a Draper fue que esa disciplina pasó por 500 años de revisiones y actualizaciones y prácticamente nadie sabía lo que significaba.
Eso incluía a su profesor de anatomía, Doug Broadfield, que había estado mostrando el canal pudendo, el nervio pudendo y la arteria pudenda a los estudiantes durante 14 años. “Nunca le di importancia”, dijo. “Simplemente no se piensa en ese tipo de cosas”.
El término tampoco se limitaba al mundo académico. Cualquiera que haya ido a la facultad de medicina probablemente haya aprendido a realizar un bloqueo pudendo, una inyección adormecedora en el lugar del nervio pudendo. Se utiliza para diagnosticar y tratar ciertas formas de dolor pélvico, realizar cirugías vulvares y vaginales y, aunque es menos común que la epidural, aliviar el dolor de la segunda fase del parto.
Antje Barreveld, una especialista en tratamiento del dolor del Hospital Newton-Wellesley de Massachusetts, realiza unos 250 bloqueos pudendos al año. “Es increíble que este término latino haya persistido”, afirma. “¿Qué dice eso sobre la élite médica y su visión de las mujeres?”.
En 2019, con el apoyo de Broadfield, Draper comenzó a investigar para un documento que argumentaba que pudendum era inapropiado como término médico y debía ser eliminado. “Fue un proyecto de fascinación”, dijo. “Tenía que llegar al fondo del asunto”.
‘La vergüenza’, centrada en las mujeres
Al principio, la vergüenza no conocía de sexos. Los escritores romanos del siglo I utilizaban el término “pudendum” para referirse a los genitales de hombres, mujeres y animales. Pero fue a las mujeres a quienes se les aplicó la vergüenza.
En 1543, la palabra apareció junto a una extraña ilustración en un atlas anatómico de Andreas Vesalius, un médico flamenco a veces llamado el “padre de la anatomía moderna”. La imagen, aunque etiquetada como un útero humano, se parece inequívocamente a un pene, pero con un mechón de vello púbico rizado cerca de la cabeza, lo que refleja la idea de que las mujeres son solo hombres con partes internas del cuerpo imperfectas. (También hay que recordar la escasez de cadáveres femeninos).
Un siglo después, un anatomista holandés llamado Regnier de Graaf destacó el papel del clítoris en la sexualidad femenina. “Si estas partes del pudendum no hubieran estado dotadas de una sensibilidad tan exquisita para el placer”, escribió, “ninguna mujer estaría dispuesta a asumir el fastidioso asunto de la gestación, que dura nueve meses, el doloroso y a menudo fatal proceso de expulsión del feto, y la preocupante y atareada labor de criar a los hijos”.
En 1895, la anatomía reconoció oficialmente la existencia de una región pudenda tanto en el hombre como en la mujer. Pero 60 años más tarde, solo el “pudendum femininum” —la parte de la vergüenza femenina— seguía figurando en la lista. Más tarde se simplificaría a “pudendum” y se utilizaría como sinónimo algo más formal de vulva. Hoy en día, la palabra aparece en casi todos los libros de texto de medicina, incluidas las ediciones recientes de Anatomía de Gray, Williams Obstetricia y Comprehensive Gynecology.
Draper no era la única persona a la que le molestaban estas raíces. En 2014, Bernard Moxham, jefe de anatomía de la Universidad de Cardiff, en Gales, colaboró con Susan Morgan, de la misma universidad, para examinar el sesgo de género en la enseñanza de la anatomía. Descubrieron que la mayoría de los libros de texto de medicina mostraban el cuerpo masculino de forma estándar y sacaban a relucir el femenino solo cuando llegaba el momento de mostrar el aparato reproductor, los genitales y los pechos.
![]()