Palabras en la apertura del Diplomado Formación Política y Ciudadana/Dr. Guillermo Fariñas
Antes de comenzar quería compartir una anécdota personal: cuando hice mi MBA en los años 90, una de las asignaturas fue Economía Política. Yo pensaba que me enseñarían cómo la política implementaba las condiciones para que la economía y las empresas de un país prosperasen. Para mi sorpresa, lo enseñado era al revés: cómo la economía moldeaba las decisiones de los políticos. Otro hecho, que constató el viraje que ha tenido este tema y su enseñanza, es que luego de varias semanas de oír al profesor hablar de política y no mencionar el bien común, me aventuré a preguntarle por esta omisión; a lo que me respondió -realmente me señaló ante mis compañeros-: “usted se ve que aprendió de política hace muchos años…”, dándome a entender que era un concepto trasnochado, pasado de moda…
Sr. Andreas Haack, Excelentísimo ministro consejero de la Embajada Alemana, Arquitecta Aixa Armas, presidenta de la A.C. Mujer y Ciudadanía; Dr. Gerardo Fernández, presidente del Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico de la Universidad Monteávila; estimados profesores de este Diplomado; apreciados participantes de este programa, señores y señoras, buenos días.
Es un honor ser la sede de este diplomado que hoy comienza, y aliado de Mujer y Ciudadanía en su organización y docencia. Quiero agradecer a la Embajada Alemana el auspicio de este programa académico. Ustedes han demostrado su compromiso con la convicción de que sin buena política es difícil que los países prosperen.
Muchas veces hemos oído los cantos de sirena de la anti-política. Entendemos que muchos le presten atención como consecuencia de los malos políticos que en un determinado momento se sufren, y de la corrupción en el ejercicio de la función pública de algunos de ellos. Pero, por otro lado, la anti-política le sirve la cama a los populismos, como lamentablemente hemos aprendido.
La buena política es necesaria, y para que ella ocurra, requerimos de la participación ciudadana y de la formación política de todos. El segundo aspecto es el objetivo de este diplomado.
La política es inherente al ser humano. Somos seres sociales. Sin los vínculos societarios no llegamos lejos como individuos. La sociedad reclama autoridad y organización, las bases de la política. Ya el viejo Aristóteles definía al hombre como Zoon Politikon, es decir animal político. Animal en sentido de clasificación de las realidades existentes de su época (reino animal, vegetal y mineral), no en el sentido peyorativo de salvaje.
Eso no quiere decir que todos los seres humanos nos dediquemos a la política como oficio. Pero sí somos todos parte de una sociedad, y en ella interactuamos ejerciendo derechos y cumpliendo deberes. Y hay que decir que para que haya derechos concordados y se exija el cumplimiento de las obligaciones, sí hace falta la organización política que llamamos estado, y personas que se dediquen a la política y formen gobierno que conduzca el municipio, la entidad federal o la nación. Conducción que deben hacer en representación de los ciudadanos. Pienso que lo que se enseñará en este diplomado ayudará a todos los que hacemos vida en una sociedad y, más específicamente, a quienes se dediquen al noble oficio de la política. En el caso de ustedes, líderes comunitarios, la política local.
En nuestro tiempo, hay una tendencia a entender en exclusiva a la universidad como habilitadora profesional: conocimientos y competencias que permitan a sus egresados a ser parte eficiente del aparato productivo de un país. Ciertamente, ese es un fin. Pero no el único. Formar en exclusiva tecnitas, es decir personas que saben mucho de algo e ignoran de raíz las demás cosas, es peligroso para la sociedad. Una persona sin criterio político, sin formación cívica, es fácilmente conducida por slogans populistas.
¿Cómo entendemos la formación en la Universidad Monteávila de manera que sus egresados, especialmente de pregrado, tengan motivos y conocimientos para elegir ser buenos ciudadanos? Es a través de la formación humanística. Parafraseando a Ortega y Gasset, las humanidades nos permiten tomar conciencia del sistema de ideas, que constituyen el suelo donde se apoya la existencia de cada persona, es decir, el “repertorio de nuestras efectivas convicciones sobre lo que es el mundo y son los prójimos, sobre la jerarquía de valores que tienen las cosas y las acciones: cuáles son más estimables, cuáles son menos” ( José Ortega y Gasset, Misión de la universidad, p. 341.)
.
Todos nuestros estudiantes de pregrado cursan materias como Persona y Sociedad y Ética General, que les ayudan a ser mejores seres humanos y ciudadanos conscientes y participativos. Pienso que todos lamentamos cómo la falta de formación de tantos en este país ha puesto en entredicho la democracia y la libertad. Es importante cobrar conciencia de que las instituciones políticas disfrutan de unos valores que no necesariamente son capaces de generar. Sin el ejercicio de virtudes cívicas, las instituciones libres y la libertad personal están inevitablemente en peligro.
El humanismo cristiano que proponemos a nuestros estudiantes, y que también incluimos en el plan de formación de los profesores, aspira a que nuestros egresados sean administradores, comunicadores sociales, educadores y abogados con una mentalidad abierta a la comprensión del hombre y su circunstancia. Que sean capaces de penetrar la realidad para descubrir en ella lo valioso, que conviene conservar, y aquello que se debe cambiar porque atenta contra la dignidad de la persona u obstaculiza su marcha hacia la plenitud. Este es nuestro reto.
Volviendo a la anécdota sobre señalarme como un viejo espécimen por referirme al bien común, he de decirles que sí aprenderán este rico concepto que refleja una realidad innegable: la buena organización y el buen funcionamiento del aparato público es indispensable para la realización personal y societaria. Va un spoiler: Lo enseñaremos en la materia de Ética Política. Espero y aspiro que no sea el único que conozca y valore este concepto, y lo use en su módulo. Adelanto una definición descriptiva del mismo de la mano de un filósofo político: El bien común en su sentido más amplio posible es el “conjunto variadísimo de condiciones de vida, fruto de la colaboración de todos y comunicables a todos, y que en principio facilitan el bien de todos, nos referimos a lo que se podría llamar bien común integral. Basta reflexionar un poco para advertir que algunas de estas condiciones se pueden obtener en el ámbito de la familia; otras, mediante la amistad o asociaciones libremente formadas por ciudadanos que se reúnen con finalidades deportivas, literarias, económicas, religiosas, etc. En todo caso, se trata de elementos que ni se pueden ni se deben obtener por los medios de que dispone la política, esto es, por medios coercitivos. Si la coacción política entrara en estos ámbitos, se llegaría inevitablemente a un estado totalitario que monopolizaría todas las dimensiones de la vida humana.
Ahora bien, existen ciertas condiciones de vida que solo se puede obtener mediante el buen funcionamiento de las instituciones y los organismos políticos. Por ejemplo, la seguridad y el orden público, la administración de justicia, la defensa del territorio nacional, la tutela de los derechos fundamentales de la persona, etc. Estos elementos componen el bien común político. Se trata, pues, de aquellos elementos y dimensiones del bien común integral que corresponde a la política obtener, defender y promover, y que de algún modo constituyen la razón de ser del Estado y de la política” ( Ángel Rodríguez Luño, Introducción a la ética política, p. 24).
Quiero terminar felicitando a todos los participantes en este diplomado. El elenco de profesores, salvando quien habla, es excelente. Ellos aúnan conocimiento y experiencia en su tema. Estoy seguro de que compartirán con ustedes conocimientos y actitudes que les permitirán ser mejores líderes comunitarios. El país los necesita. Felicito especialmente a Aixa Armas que ha logrado armar este trabuco. Me siento entre ellos como el noveno bate y rightfield. Pero tomaré mis turnos dando lo mejor de mí, y espero que alguna pelota vaya al jardín derecho y la atrape.
Muchas gracias.
*Rector de la Universidad Monteávila
![]()