“Quedé devastada”: Laura Fernández abrió su corazón y reveló cómo un divorcio, la fe y su familia marcaron el camino que la llevó a la Presidencia de Costa Rica
En el pódcast Alma de Mujer, de Canal Gente OPA, la mandataria recordó el dolor de su primer matrimonio, confesó que perdió la fe en el amor tras una infidelidad, relató cómo Dios se convirtió en su refugio y aseguró que su esposo, Jeffrey, fue quien la impulsó a aceptar los mayores desafíos de su carrera política

(23 julio 2026) Acostumbrada a responder preguntas sobre seguridad, economía o decisiones de Gobierno, esta vez Laura Fernández habló desde un lugar mucho más íntimo.
Sin discursos políticos y con un tono relajado, la presidenta de Costa Rica abrió las puertas de su historia personal durante el pódcast Alma de Mujer, de Canal Gente OPA, donde compartió episodios que, según confesó, moldearon su carácter mucho antes de llegar a Casa Presidencial.
La conversación comenzó con una reflexión sobre cómo enfrenta la exposición pública y las constantes críticas propias de la política. Fernández aseguró que la clave ha sido conocerse a sí misma.
“Creo que conozco muy bien a Laura. Conozco mis fortalezas, mis debilidades y sé muy bien qué cosas me afectan y cuáles no emocionalmente”, afirmó.
Más allá de la imagen pública, la mandataria confesó que el verdadero equilibrio lo encuentra en su espiritualidad. Aunque aseguró que no es una persona especialmente religiosa en el sentido tradicional, explicó que la fe ocupa un lugar central en su vida.
“A hoy, mi Dios no me ha fallado ni una sola vez en una prueba que yo haya enfrentado”, expresó al recordar que suele encomendar a Dios y a la Virgen de los Ángeles cada decisión importante, desde reuniones de Estado hasta los temas más complejos relacionados con la seguridad del país.
Pero si hay un refugio que, según dijo, le devuelve la tranquilidad después de jornadas intensas, ese es su hogar.
La presidenta relató que, sin importar el cansancio acumulado tras giras o reuniones, todo cambia cuando cruza la puerta de su casa.
“Lo que oigo es la carrera de mi hija Fernanda gritando ‘¡mamá!’, junto con mis dos perros, compitiendo por ver quién llega primero a recibirme. A mí se me olvida todo”, contó entre sonrisas.
Ese momento cotidiano, explicó, es el que le permite volver a ser simplemente Laura y dejar por un instante el peso de dirigir el país.
Uno de los pasajes más emotivos llegó cuando la conversación se trasladó a un episodio que pocas veces había contado públicamente: su primer matrimonio.
Fernández reveló que se casó muy joven, alrededor de los 23 años, y que aquella relación terminó en divorcio luego de que su entonces esposo se enamorara de otra mujer.
“Todo lo malo que a usted le puede pasar, a mí me pasó”, recordó.
La mandataria confesó que aquel episodio representó uno de los golpes más fuertes de su vida.
“Devastada. Así quedé yo. Me costó muchísimo superar la infidelidad y aprender a vivir sola”, relató.
Tras esa experiencia, dijo que perdió completamente la confianza en el amor y llegó a convencerse de que nunca volvería a casarse.
“Dije: nunca más en la vida me vuelvo a meter en esto de casarme”, recordó.
Sin embargo, aseguró que fue precisamente en medio de esa etapa cuando decidió concentrar toda su energía en estudiar y crecer profesionalmente.
“Trabajaba dieciséis o diecisiete horas al día”, comentó, convencida de que el trabajo fue una herramienta para reconstruirse emocionalmente.
Con el paso del tiempo apareció Jeffrey, quien hoy es su esposo y, según sus propias palabras, el hombre que le mostró lo que realmente significa compartir la vida con una pareja.
“Cuando me casé con Jeffrey comprendí lo que era tener un esposo. Tener un compañero de verdad, una persona que te ama, te respeta y se alegra por tu crecimiento”, afirmó.
La presidenta contó que fue precisamente él quien la animó a enviar su currículum cuando el entonces presidente electo Rodrigo Chaves abrió el proceso para conformar su gabinete, pese a que ella tenía apenas 14 semanas de embarazo.
Más adelante, cuando surgió la posibilidad de convertirse en candidata presidencial, nuevamente fue Jeffrey quien la impulsó.
“Anímese. Es la oportunidad de su vida. Yo la mantengo, de alguna manera hacemos”, recordó que le dijo su esposo.
Fernández también habló sobre el conflicto interno que vivió como mujer católica al pensar en volver a casarse después de un divorcio. Relató que incluso acudió a confesarse con un sacerdote para pedir orientación.
Según recordó, fue aquel sacerdote quien le hizo una pregunta que cambió por completo su forma de ver la situación: si realmente creía que Dios quería que pasara el resto de su vida sola por un error del pasado.
“Salí de esa confesión renovada”, aseguró.
Además de hablar de su vida sentimental, la presidenta recordó otro de los momentos más difíciles de su historia: el cáncer de mama que enfrentó su madre cuando ella aún estudiaba en la universidad.
Explicó que debió asumir nuevas responsabilidades familiares mientras continuaba con sus estudios, incluso renunciando a oportunidades académicas en el extranjero para permanecer cerca de su familia.
Aquella experiencia, confesó, también afectó su salud y llegó a aumentar cerca de 20 kilos debido al estrés y los cambios hormonales provocados por la angustia.
Pese a todas esas dificultades, Fernández sostuvo que nunca perdió de vista el objetivo que se había trazado desde niña.
“Yo vengo de un pueblo donde la escuela era unidocente, donde no había asfalto y donde crecí entre gallinas y chanchos. Me convertí en presidenta de la República a punta de educación y esfuerzo”, afirmó.
Antes de concluir la conversación, envió un mensaje dirigido especialmente a las mujeres que atraviesan momentos difíciles.
“La educación y la perseverancia son el camino. Uno sí puede conquistar sus sueños con esfuerzo propio”, dijo, convencida de que las caídas, por dolorosas que sean, no tienen por qué definir el resto de una vida.
Más que una entrevista política, Alma de Mujer mostró a una Laura Fernández alejada del protocolo presidencial: una hija que acompañó a su madre durante el cáncer, una mujer que sufrió una infidelidad, una creyente que encontró consuelo en la fe, una madre que se desconecta jugando con su hija y una esposa que, según sus propias palabras, descubrió en el amor una segunda oportunidad cuando menos la esperaba.
Fuente: Infobae
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