“Se nos ha caído la estructura, pero no la Iglesia”: el impacto de los terremotos en los templos católicos de Venezuela

Los terremotos del 24 de junio obligaron a cerrar temporalmente templos en Caracas, La Guaira, Aragua y otras regiones, algunos de ellos con siglos de historia. Párrocos consultados por El Nacional aseguran que la situación genera un impacto emocional por perder temporalmente espacios que para generaciones han sido lugares de oración, encuentro y memoria

El registro preliminar de la Conferencia Episcopal Venezolana contabiliza 94 estructuras de la Iglesia católica afectadas por los terremotos del 24 de junio | Foto AFP

(El Nacional/15 agosto 2026) En un momento en el que buscar consuelo en la fe se ha convertido en una necesidad, miles de feligreses miran desde afuera las puertas de los templos a las que habían entrado durante años. Tras el doble terremoto del pasado 24 de junio, al menos 94 estructuras de la Iglesia Católica resultaron afectadas en el territorio nacional, de acuerdo con un registro preliminar de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), en el que se advierte que el mapa de daños puede ampliarse a medida que continúen las inspecciones. Sin embargo, aunque los párrocos reconocen la importancia de preservar los templos y monumentos religiosos que forman parte de la memoria histórica y artística de Venezuela, aseguran que la Iglesia es mucho más que una estructura: es la unidad, es la solidaridad, es la esperanza, es la fuerza y es la confianza que ha demostrado el pueblo venezolano luego de una de las tragedias más devastadoras de la historia de la nación.

Los daños en los templos católicos del país se registraron principalmente, de acuerdo con la CEV, en La Guaira, La Gran Caracas, Maracay, San Felipe, Valencia, Los Teques, Barquisimeto, Puerto Cabello y Coro. De ellos, 85 son iglesias, entre parroquias y capillas; seis corresponden a casas parroquiales o de retiro; una es un hospital; otra, un seminario, y una más, un despacho.

Detrás de esa enumeración hay historias diferentes. Algunas iglesias presentan daños aparentemente menores. Otras requieren estudios estructurales antes de permitir el ingreso de los feligreses. Y hay templos donde la magnitud de las afectaciones ha abierto incluso la posibilidad de una demolición.

Templos cerrados

Ante la situación de los templos afectados, las comunidades han tenido que aprender a celebrar su fe sin entrar al lugar que durante años le ofreció paz en medio de las dificultades.

El padre Jesús Díaz, párroco de la Catedral de Maracay, conoce esa experiencia. A primera vista, explicó, el templo no parece haber sufrido los daños más evidentes que dejaron los terremotos en otros edificios. Sin embargo, el problema está precisamente en aquello que no siempre se observa desde la entrada.

“La catedral no tuvo, en comparación con otras iglesias donde hubo derrumbes, destrozos significativos desde el punto de vista estético”, relató. Pero las afectaciones más preocupantes se encuentran en el área estructural, especialmente en los arcos principales del templo. Allí pueden observarse grietas y fisuras considerables.

Los arcos próximos al altar y los ubicados cerca de la entrada presentan fisuras de un grosor importante. También se registraron desplazamientos e

Por prevención, la catedral permanece cerrada.

El cierre de un templo puede parecer una consecuencia secundaria frente a la magnitud de una emergencia que dejó comunidades enteras golpeadas. Para quienes pertenecen a esas parroquias, sin embargo, significa perder temporalmente el espacio donde una familia bautizó a sus hijos, donde una pareja se casó, donde una comunidad acompañó a sus muertos y donde generaciones enteras aprendieron las primeras oraciones.

La Catedral de Maracay ha tenido que trasladar su vida litúrgica a otros espacios. Los domingos se celebran misas a las 9:00 y a las 11:00 am en instalaciones de Licena, frente a la Plaza Bicentenaria y al Instituto de Sismología de Aragua. La misa de las 11:00 am también se transmite por Radio Alegría 102.7 y otras emisoras enlazadas.

Hay además celebraciones en una capilla del barrio El Carmen y en el Santuario de la Madre María.

Es una solución provisional para una comunidad que todavía no sabe cuándo podrá regresar a su templo.

El padre Díaz explicó que el Colegio de Ingenieros de Aragua y el equipo de ingeniería municipal ya realizaron evaluaciones. Los especialistas trabajan en propuestas para reforzar la estructura, reparar las grietas y preservar el valor patrimonial de la catedral. La posibilidad de una reapertura progresiva, incluso por naves, ha sido planteada de manera preliminar, pero todavía no existe un cronograma definitivo.

La buena noticia dentro de la preocupación es que las imágenes religiosas y otros elementos de valor histórico de la Catedral de Maracay no sufrieron daños irreparables. No se quebraron las imágenes antiguas ni los vitrales de las capillas o del coro. Sí se desprendieron las lámparas o paneles de iluminación ubicados en la zona central.

El sacerdote describe la estructura como noble, pues soportó el movimiento y, aunque algunos arcos resultaron fracturados, el edificio permaneció en pie.

Pero no todos los templos tuvieron la misma suerte.n algunas paredes y daños en el frontispicio. Parte del friso de la zona alta de la fachada se desprendió y, además, se observa una ligera inclinación en la estructura frontal.

Por prevención, la catedral permanece cerrada.

El cierre de un templo puede parecer una consecuencia secundaria frente a la magnitud de una emergencia que dejó comunidades enteras golpeadas. Para quienes pertenecen a esas parroquias, sin embargo, significa perder temporalmente el espacio donde una familia bautizó a sus hijos, donde una pareja se casó, donde una comunidad acompañó a sus muertos y donde generaciones enteras aprendieron las primeras oraciones.

La Catedral de Maracay ha tenido que trasladar su vida litúrgica a otros espacios. Los domingos se celebran misas a las 9:00 y a las 11:00 am en instalaciones de Licena, frente a la Plaza Bicentenaria y al Instituto de Sismología de Aragua. La misa de las 11:00 am también se transmite por Radio Alegría 102.7 y otras emisoras enlazadas.

Hay además celebraciones en una capilla del barrio El Carmen y en el Santuario de la Madre María.

Es una solución provisional para una comunidad que todavía no sabe cuándo podrá regresar a su templo.

El padre Díaz explicó que el Colegio de Ingenieros de Aragua y el equipo de ingeniería municipal ya realizaron evaluaciones. Los especialistas trabajan en propuestas para reforzar la estructura, reparar las grietas y preservar el valor patrimonial de la catedral. La posibilidad de una reapertura progresiva, incluso por naves, ha sido planteada de manera preliminar, pero todavía no existe un cronograma definitivo.

La buena noticia dentro de la preocupación es que las imágenes religiosas y otros elementos de valor histórico de la Catedral de Maracay no sufrieron daños irreparables. No se quebraron las imágenes antiguas ni los vitrales de las capillas o del coro. Sí se desprendieron las lámparas o paneles de iluminación ubicados en la zona central.

El sacerdote describe la estructura como noble, pues soportó el movimiento y, aunque algunos arcos resultaron fracturados, el edificio permaneció en pie.

Pero no todos los templos tuvieron la misma suerte.

En el estado Aragua, la Diócesis de Maracay registró alrededor de 24 templos afectados. La lista incluye parroquias y capillas en Barbacoas, San Sebastián de los Reyes, Villa de Cura, Las Tejerías, La Victoria, La Candelaria de Turmero, Cagua, La Julia, Santa Cruz, Gabante, San José Catedral, San Judas Tadeo, San Juan Bautista, la Medalla Milagrosa, Santa Clara de Choroní, Puerto Colombia, Chuao, Cuyagua, Ocumare de la Costa y San Casimiro.

Las iglesias de Choroní fueron de las más golpeadas en la entidad, con daños incluso en el techo y afectaciones en el altar mayor y algunas imágenes religiosas. El párroco local, Edinson Correa, dijo en declaraciones a medios locales hace unas semanas que la emblemática Iglesia Santa Clara de Asís, con una data que se remonta a la fundación del pueblo en 1622, y la capilla San Juan Bautista, en Puerto Colombia, erigida unos 200 años después, corrían el riesgo de ser demolidas debido a fallas severas en la mayoría de sus columnas, los pilares verticales que soportan el peso del techo y la edificación. Sin embargo, se pudo conocer que hace algunos días comenzaron los trabajos de restauración en estos históricos templos.

De momento, las actividades litúrgicas, los servicios religiosos como las misas y oraciones comunitarias, continúan en sedes provisionales. Los feligreses de la Iglesia Santa Clara de Asís asisten a misa en la residencia de las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús. Mientras que la comunidad de la capilla San Juan Bautista se congrega en la plaza de Puerto Colombia, el sector costero y pesquero más concurrido de la zona.

La iglesia Inmaculada Concepción ubicada en la población de Cuyagua, en la costa, sufrió daños considerables y también se evaluaba la posibilidad de demolerla. Mientras que las históricas iglesias San Sebastián Mártir de Ocumare y San Francisco de Asís de Cata se encuentran cerradas por prevención y resguardo de la vida de los feligreses, a la espera de más evaluaciones para conocer cómo será el proceso de restauración. Por lo pronto, hasta que se tomen decisiones en cuanto a su destino final, las misas se llevan a cabo en la calle.

El principal templo católico de Las Tejerías, la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, con una historia parroquial que data del año 1904, fue situada en el semáforo de riesgo en rojo debido a los graves daños que sufrió el campanario de la torre y que mantienen en alerta a parte del conjunto. Pese a esto, las actividades en la parroquia no han parado y los feligreses se reúnen frente al templo para celebrar misas e incluso comuniones.

No es la primera vez que la estructura eclesiástica de Las Tejerías es puesta a prueba. La edificación resistió en octubre de 2022 el devastador deslave que afectó al municipio y que arrasó con comunidades enteras, convirtiéndose en uno de los principales centros de acopio de la región en ese momento.

“Se nos ha caído la estructura, pero no la Iglesia”

En Pagüita, Caracas, el padre José Aquino, párroco de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, enfrenta una situación todavía más compleja. El templo ubicado en Catia sufrió daños importantes, particularmente en dos columnas ubicadas junto al colegio parroquial. Varias inspecciones técnicas se han realizado y la Comisión Presidencial colocó etiquetas rojas que obligan a mantener restringido el acceso, siendo uno de los templos más afectados de la capital.

El sacerdote también tuvo que abandonar temporalmente la casa parroquial, que colapsó, y ahora duerme en otra parroquia junto a otro sacerdote.

La emergencia, sin embargo, no consiguió romper la continuidad de la comunidad. La oficina parroquial continúa funcionando y las celebraciones religiosas se mantienen fuera del templo. La comunidad ha debido adaptarse a un espacio abierto, a la intemperie y a las limitaciones propias de una situación que todavía no tiene fecha de resolución.

Para el padre Aquino, el golpe tiene además una dimensión histórica y emocional. Nuestra Señora del Perpetuo Socorro era un templo emblemático y muy concurrido para matrimonios, bautizos y otros sacramentos. Apenas un año y medio antes había sido sometido a una reconstrucción y, según relató el sacerdote, se encontraba funcionando en buenas condiciones.

“El templo estaba funcionando de lo más bonito”, recordó.

Por eso el impacto sobre los feligreses ha sido fuerte. La gente estaba acostumbrada a acudir allí los domingos y durante la semana. El templo era parte de la rutina y de la memoria colectiva de la comunidad.

“Se nos ha caído la estructura, pero no la Iglesia”, manifestó el párroco en una frase resume el desafío de la Iglesia católica después de los terremotos.

La idea no es solo una expresión de consuelo. En las parroquias afectadas se ha convertido en una manera de reorganizar la vida religiosa alrededor de las personas, mientras los edificios esperan por diagnósticos y obras.

Su mensaje ha sido insistente: no desmayar, conservar la esperanza y mantener la unidad y la solidaridad.

Para quienes han perdido estos espacios físicos, el sacerdote recomienda algo que parece sencillo, pero que en medio de una catástrofe adquiere otro peso: orar.

“La fuerza de un cristiano está en la oración”, dijo.

El padre Aquino insiste en que las necesidades son numerosas. Su parroquia necesita recuperar el templo, pero también la casa parroquial y el colegio que alberga a cientos de estudiantes de la zona. Incluso elementos aparentemente sencillos, como sillas para los feligreses, hacen falta.

En Caracas, la CEV contabiliza 22 templos afectados. El listado incluye iglesias de distintas zonas de la ciudad, desde el centro hasta El Paraíso, Antímano, Macarao, Chacao, Cotiza, La Silsa, San Martín y El Hatillo.

Además del templo Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Pagüita), entre las afectadas figuran las iglesias Nuestra Señora de Altagracia, el Sagrario de la Catedral, Nuestra Señora de Fátima, el Sagrado Corazón de Jesús de La Candelaria, la Basílica de Santa Teresa y la parroquia Santa Ana-Santa Rosalía de Palermo.

También se encuentran en la lista los templos de San José de Chacao, Niño Jesús y Madre Cabrini, Santos Ángeles Custodios, San Francisco Javier, San Juan Bautista de Capuchinos, San Pablo El Ermitaño, Nuestra Señora del Rosario de Antímano, Nuestra Señora del Rosario de Curucay-Macarao y Nuestra Señora del Monte Carmelo, entre otros.

El informe de la CEV señala que, hasta la fecha de ese registro, se habían inspeccionado 27 templos en la jurisdicción caraqueña. De ellos, 17 tenían uso restringido o requerían mantenimiento, cinco tenían acceso restringido y cinco eran considerados habitables.

En el caso de la Catedral Metropolitana de Caracas, que resistió los terremotos registrados en 1641, 1766, 1812, y 1967, comenzaron los trabajos de refuerzo en su estructura el pasado 11 de agosto. El párroco Juan Carlos Silva explicó en una entrevista concedida a Unión Radio que, entre las áreas más afectadas, se encuentra la icónica capilla de San Pedro, considerada una de las más antiguas de la iglesia. El fuerte terremoto provocó el desplazamiento de un muro que colinda con la Plaza Bolívar y ocasionó daños en los techos de madera.

Además de las afectaciones registradas en la capilla de San Pedro, la estructura presentó daños en la torre del campanario, la fachada, los pináculos, algunos arcos y bóvedas. Ante los riesgos, la catedral figura en la lista de templos que permanecerán cerrados de manera preventiva. Una vez que finalicen los trabajos de refuerzo se procederá con la restauración general del templo, indicó Silva.

Otro templo emblemático de la capital, la Basílica de Santa Teresa, también se encuentra en trabajos de recuperación tras recibir etiqueta roja de inhabitabilidad por los daños que sufrió la mampostería, los desprendimientos en la fachada principal y las graves fracturas en la cúpula central. Afortunadamente la venerada imagen del Nazareno de San Pablo resultó completamente ilesa.

Con las puertas del santuario cerradas por seguridad, la vida religiosa de la comunidad no se detiene. Las misas continúan celebrándose en las afueras de la edificación, congregando diariamente a decenas de devotos en plena vía pública.

La Iglesia San José de Ñaraulí en Cotiza, fundada el 16 de octubre de 1889 por decreto del presidente Juan Pablo Rojas Paúl, sufrió graves daños estructurales —incluyendo el colapso de su nave izquierda— tras el doble sismo del 24 de junio. Debido a su gran valor histórico, las autoridades eclesiásticas y gubernamentales han coordinado mesas de trabajo con Fundapatrimonio y el Instituto del Patrimonio Cultural para su futura restauración.

Al igual que en la mayoría de los templos cerrados por seguridad en Caracas, las misas y actividades pastorales se celebran temporalmente en espacios externos cercanos, como la plaza de los maestros.

La Guaira, una diócesis golpeada por el desastre

La Diócesis de La Guaira, la zona cero del desastre, que hasta los momentos contabiliza más de 6.000 muertos, aparece en el informe de la CEV con 15 estructuras afectadas. El listado incluye templos, casas parroquiales y otras instalaciones vinculadas con la Iglesia.

Entre los templos afectados por una de las tragedias más devastadoras de la historia del país figuran la Parroquia San Francisco de Asís, en Naiguatá; la Parroquia Santo Domingo de Guzmán, en Tanaguarena; la iglesia filial Santa Ana del Cojo, en Macuto; la Catedral San Pedro Apóstol, en La Guaira; la Ermita del Carmen; y Nuestra Señora de la Candelaria, en Tarmas.

También aparecen la Casa Parroquial de Naiguatá, la Casa Parroquial de Tanaguarena, la Casa Juan Pablo II de Los Corales, el despacho de Macuto, la Casa Parroquial de La Páez, la Casa Parroquial de Carayaca, el Seminario San Pedro Apóstol y el Hospital San José de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía

La Iglesia San Sebastián de Maiquetía, construida en 1843 sobre las ruinas que dejó el terremoto de 1812, fue de las más afectadas en la entidad. Los terremotos destruyeron la fachada principal y buena parte de esta iglesia tan emblemática para La Guaira, declarada Monumento Histórico Nacional el 2 de agosto de 1960.

Pese a los graves cuando lo daños en la estructura, los equipos que han evaluado el templo descartaron su demolición y se encuentran planificando trabajos que contemplan la restauración de fachadas e interiores para preservar el patrimonio arquitectónico y religioso de la iglesia. Actualmente, se habilitó un espacio provisional en la Plaza de Jerusalén para las misas.

En cuanto a la Catedral San Pedro Apóstol de La Guaira, el principal templo católico y sede de la diócesis local, construida entre 1847 y 1857 sobre las ruinas de un antiguo hospital tras el terremoto de 1812, sufrió daños severos en columnas, arcos y desprendimientos de techos de madera, además de afectar de forma crítica la sede del cercano Seminario San Pedro Apóstol. Tras las inspecciones técnicas, las autoridades eclesiásticas y civiles impidieron el acceso de los feligreses y prohibieron permanecer en los alrededores por el alto riesgo de colapso parcial.

La dimensión de estos daños adquiere una relevancia particular en una zona donde los terremotos destruyeron viviendas y edificios completos y dejaron a comunidades enteras desplazadas. Tras casi 50 días del doblete sísmico, familias todavía buscan entre los escombros los cuerpos de fallecidos y las labores de remoción de escombros apenas comienzan.

Ante la magnitud de la emergencia, la Iglesia no ha permanecido al margen. La Catedral, el seminario y las parroquias se han convertido también en espacios de asistencia y organización de ayuda para quienes sobrevivieron al desastre.

Entre las diferentes actividades que encabeza la Iglesia Católica en la entidad se encuentra un centro de acopio creado por un grupo de jóvenes, acompañados por las Hermanas Eucarísticas, que se encarga de realizar la repartición de los insumos dirigiéndose directamente hasta las casas de aquellas familias y personas que se encuentran en cama y no tienen la posibilidad de salir a buscar sus propios alimentos.

También en el norte del país

El registro de la CEV muestra que el daño no se concentró únicamente en las zonas más golpeadas por los terremotos.

La Diócesis de San Felipe, al estar ubicada en el estado Yaracuy —zona muy cercana al epicentro del primer sismo—, registró ocho templos afectados. Uno de ellos es la Catedral de San Felipe, que reportó fisuras, grietas leves y el desprendimiento de frisos o mampostería decorativa debido a la fuerte onda sísmica. Mientras que el templo El Nazareno y Nuestra Señora del Valle registraron daños en sus paredes que ameritaron evaluación técnica especializada.

La Iglesia La Ascensión presentó fallas superficiales y agrietamiento de muros internos, y el templo Santa Eduvigis evidenció agrietamientos que están bajo supervisión de los ingenieros. San Jerónimo, en Cocorote, Nuestra Señora de Coromoto y San José también presentaron afectaciones más leves.

Asimismo, en la Arquidiócesis de Valencia informó que la Parroquia Inmaculada Concepción de Montalbán fue la estructura más afectada de todo el estado, sufriendo daños graves tras el colapso y caída de una de sus torres en la parte alta, lo que a su vez impactó zonas internas del templo. Mientras que la Iglesia Nuestra Señora del Carmen (San Joaquín) también registró importantes daños estructurales, con múltiples grietas severas en el techo, desprendimiento de partes de la fachada y paredes internas, obligando a su clausura temporal.

La lista de templos dañados en Valencia la completan la Basílica Catedral Nuestra Señora del Socorro, San Agustín de Guacara, Nuestra Señora de la Begoña de Naguanagua y Nuestra Señora de Candelaria de Valencia.

La Diócesis de Los Teques registró cuatro iglesias con daños, el Santuario Santa Lucía Virgen y Mártir, el Santuario Nuestra Señora del Rosario de Cúa, Santa Rosa de Lima de Charallave y San Diego de Alcalá, en San Diego de los Altos.

Las más afectadas de los altos mirandinos, de acuerdo con reportes de autoridades y la prensa local, fueron la Iglesia de Carrizal, con daños estructurales importantes en sus paredes y áreas de resguardo, y la Iglesia de San Diego de los Altos, que sufrió afectaciones severas en su fachada y desprendimiento de friso, siendo catalogada de alto riesgo inmediato tras los sismos.

La Catedral Nuestra Señora de Copacabana, el principal templo de Guarenas (Miranda), presentó fisuras de gravedad en las columnas de soporte y muros internos, especialmente en la torre del campanario, lo que obligó a las autoridades a inhabilitar temporalmente el recinto.

En Barquisimeto, la Iglesia San Juan Bautista de Duaca es la estructura en situación más crítica de la arquidiócesis. Esta edificación con 406 años de historia —cuya localidad justamente celebraba su aniversario el día de los sismos— sufrió fuertes sacudidas en su techo y severas fallas en sus muros de carga. Por orden del arzobispado y la alcaldía del municipio Crespo, el templo permanece bajo cierre preventivo.

Las ondas sísmicas generaron fisuras y grietas visibles en el techo y en varias áreas de la particular arquitectura externa de la Catedral Metropolitana de Barquisimeto, lo que motivó el inicio de auditorías de ingeniería civil para coordinar la restauración de este histórico templo.

El arzobispo de Barquisimeto, monseñor Polito Rodríguez Méndez, confirmó que ambas edificaciones históricas y patrimoniales del estado Lara se encuentran bajo evaluación y resguardo técnico debido a la gravedad de las afectaciones.

Un total de seis estructuras eclesiásticas resultaron afectadas en la Diócesis de Puerto Cabello tras el doblete sísmico, de acuerdo con el balance oficial de la CEV. La Parroquia Nuestra Señora de la Caridad fue el templo que sufrió el impacto más grave en esta jurisdicción, con el desplome total del techo del ala izquierda de la infraestructura. Adicionalmente, la torre del campanario registró daños considerables, representando un riesgo de desprendimiento hacia la vía pública.

La Santa Rosa de Lima, Nuestra Señora de Fátima-Capilla María Auxiliadora de La Belisa, Cristo Rey de Morón, Sagrado Corazón de Jesús de Vistamar y el Centro Diocesano Monseñor William Guerra son otras de las estructuras eclesiásticas de Puerto Cabello con daños.

La Arquidiócesis de Coro, por su parte, reportó daños en los templos filiales San Gabriel y San Nicolás, en Coro; Nuestra Señora del Carmen, en La Vela de Coro; Cristo Resucitado; Nuestra Señora de la Merced y Santuario San José Gregorio Hernández; la Inmaculada Concepción de Capatárida y la Santísima Trinidad de Bobare.

Las inspecciones técnicas realizadas por ingenieros y Protección Civil arrojaron que las siete estructuras eclesiásticas sufrieron principalmente daños de índole menor y moderada. Los problemas se concentraron en agrietamientos de muros históricos, desprendimientos de frisos decorativos y mampostería ligera, sin registrarse colapsos estructurales totales ni pérdida de vidas en los recintos.

Los daños atraviesan diferentes diócesis y regiones y alcanzan templos que, en muchos casos, constituyen parte de la identidad arquitectónica de sus comunidades.

Reconstruir el patrimonio sin borrar la historia

La dimensión patrimonial atraviesa buena parte de las discusiones sobre la recuperación de las Iglesias en Venezuela.

En Caracas, el padre Neptalí Balza, vicario general y director de Infraestructura, presentó hace algunas semanas un plan de recuperación dividido en cinco fases.

La primera contempla la emergencia y el resguardo activo, con la colocación de un “Semáforo de Habitabilidad” visible en cada templo, apuntalamientos temporales de las zonas críticas y la centralización digital de los reportes.

La segunda está dedicada al diagnóstico. Allí se prevén estudios de materiales en templos históricos, muchos de ellos anteriores al siglo XIX, ensayos no destructivos y alianzas con estudiantes y tesistas de Arquitectura e Ingeniería.

La tercera contempla el diseño de soluciones sismorresistentes, con tecnologías como fibra de carbono, inyección de morteros y tensores, siempre con la validación correspondiente de los organismos encargados del patrimonio.

La cuarta fase será la ejecución de las obras y el rescate de elementos que puedan ser reutilizados. Entre ellos se mencionan artesonados y otros componentes arquitectónicos, además de vitrales, ornamentación, carpintería y bienes artísticos.

La quinta busca establecer un protocolo permanente de conservación y mantenimiento preventivo.

El objetivo es que la emergencia no termine convertida en una sucesión de reparaciones improvisadas. En este tipo de edificaciones, una intervención incorrecta puede provocar un daño adicional al patrimonio. Por eso la Arquidiócesis de Caracas se ha reunido con representantes del Instituto del Patrimonio Cultural, el Ministerio de la Cultura y Fundapatrimonio de la Alcaldía de Caracas para presentar los diagnósticos de los templos afectados.

También se ha establecido contacto con las alcaldías de Caracas, Chacao, Baruta y El Hatillo.

La recuperación deberá conjugar dos necesidades: devolver a las comunidades sus lugares de culto y preservar edificaciones que forman parte de la memoria arquitectónica y cultural del país.

Una red de ayuda que salió de la Iglesia

Desde las primeras horas de la emergencia, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, seminaristas y laicos se desplegaron en comunidades de Caracas y La Guaira. Recorrieron hospitales, morgues, cementerios y refugios improvisados. También acompañaron a familias afectadas y organizaron jornadas de oración y celebraciones en espacios abiertos.

El mensaje fue claro: el cierre de una edificación no significaría el cierre de la vida religiosa.

En Pagüita, esa idea tiene una expresión concreta. El padre Aquino sostiene que la Iglesia continuará acompañando a los feligreses aunque el templo permanezca cerrado.

“Donde se reúna la feligresía y se comparta la Eucaristía, ahí estará la Iglesia de Cristo”, explicó el sacerdote entrevistado por El Nacional.

La Arquidiócesis de Caracas creó una Comisión de Atención a la Emergencia, coordinada por el obispo auxiliar monseñor José Manuel León y el padre Nelson Molina. Los centros de acopio principales fueron instalados en Montalbán, Bello Campo, La Tahona y San José del Ávila, mientras las parroquias funcionaron como subcentros.

Hasta el momento del balance se habían distribuido aproximadamente 490 toneladas de insumos.

La ayuda incluyó alimentos no perecederos, agua y electrolitos, alimentos frescos, medicamentos e insumos médicos, artículos para refugios y pernocta, productos de aseo, equipos de protección y materiales de rescate.

La red alcanzó hospitales como el Vargas, Domingo Luciani, Militar, Pérez Carreño y J. M. de los Ríos; casas de cobijo como Hogar Bambi y La Posada del Peregrino; sectores afectados de Caracas y La Guaira; campamentos en parques públicos y diferentes instituciones religiosas del litoral.

Más de 500 voluntarios participaron en la operación, junto con seminaristas de Caracas, La Guaira, Los Teques, Maracay, Valle de La Pascua y Calabozo.

En Aragua ocurrió algo similar. El padre Díaz explicó que, aunque los propios templos estaban afectados, las parroquias se activaron como centros de acopio desde el primer momento. En su comunidad se organizaron jornadas de alimentación y grupos de psicólogos para atender las consecuencias emocionales de la emergencia. Cáritas también se incorporó a la distribución de ayuda.

La reconstrucción de las Iglesias en Venezuela representa una tarea de ingeniería, patrimonio y recursos. Pero también será una tarea de memoria. Habrá que levantar columnas sin borrar historias y restaurar fachadas sin alterar su identidad.

Por ahora, los espacios provisionales en los que se reúnen los feligreses son también una forma de resistencia y una manera de recordar que, incluso cuando un templo permanece cerrado, la fe que lo llenaba puede seguir de pie.

Por: Erika Hernández

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