Una latina en el corredor de la muerte

En medio del debate mundial sobre la pena capital tras la fallida doble inyección letal a Christa Pike en Tennessee, Melissa Lucio, una latina, podría convertirse en la asegunda mujer condenada a muerte en los Estados Unidos

(10 octubre 2026) Melissa Lucio lleva casi 18 años encerrada en el corredor de la muerte en una prisión de Texas intentando demostrar que es inocente de la muerte de su hija de dos años. Un crimen que ni siquiera ocurrió. Es una mujer inocente que no debería estar donde está.

Desde hace 18 años, los hijos de Lucio han crecido separados de su madre y angustiados con cada noticia sobre su caso. En abril de 2022, lloraron y se prepararon mentalmente para la ejecución.

Pero a poco más de 48 horas de que la ingresaran en la cámara de la muerte en Huntsville, la Corte de Apelaciones Criminales de Texas frenó el procedimiento al asegurar que en su juicio se usaron testimonios falsos que pudieron llevar al jurado a la decisión de condenarla; que la evidencia científica que no se presentó hubiera llevado a otra condena; que Lucio podía ser inocente y que el Estado de Texas omitió evidencia que pudo haberla beneficiado.

Lucio fue condenada a la pena capital en 2008 por la muerte de su bebé de dos años, Mariah. El 15 de febrero de 2007, la niña cayó 14 escaleras hacia abajo por la entrada de un apartamento del que se estaban mudando. Dos días después de ese accidente, la familia ya habitaba una nueva vivienda a la que se ingresaba subiendo apenas tres escalones. Mariah tenía moretones, pero no había más daños visibles.

Lucio pensó en llevarla ese día al médico: la niña lucía congestionada, había dormido demasiado en los últimos dos días y no quería comer. Cansada por la mudanza, decidió que la llevaría al día siguiente. Pero la niña comenzó a verse pálida, con dificultad para respirar mientras hacía una siesta. Llamaron al 911 y los paramédicos intentaron resucitarla. Ya en el hospital fue declarada muerta el 17 de febrero.

Melissa les explicó de la caída, pero en shock por la pérdida de su hija, no les dijo que había ocurrido en la otra casa dos días antes. Eso generó una serie de malentendidos con la policía, que llevó a un largo interrogatorio —expertos lo han catalogado como “coercitivo”— en el que le pedían con insistencia que admitiera que era culpable de agredir a su bebé. Lo negó más de 100 veces. Presionada y tras cinco horas de cuestionamientos, ella les dijo: “Supongo que lo hice”.

Esas palabras fueron la única evidencia con la que el fiscal de distrito del condado Cameron armó una imputación que su abogado no rebatió ni con testigos ni con especialistas. Lucio terminó condenada a muerte, mientras que su esposo, también detenido, solo fue sentenciado a cuatro años de prisión.

Pero desde el fin del juicio hace casi dos décadas, el equipo legal que ha acompañado a Lucio ha ido recabando decenas de testimonios, evaluaciones de médicos de distintas especialidades.  Lucio tiene evidencia sólida para defender su inocencia ante cualquier corte. No sabe cuánto tiempo le tomará alcanzar la libertad de esta madre o si logrará celebrar la Navidad de 2026 con sus hijos.

Por: Ernestina Herrera, Periodista

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