Venezuela, el país de las mujeres bellas, pero sin presidenta| Por: Aglaia Berlutti

Fuente: El Estímulo
2 de julio 2024

¿Por qué no hubo todavía una presidenta en Venezuela? La pregunta puede parecer singular. Eso, hasta que se analiza la poca representatividad femenina en ámbitos de poder y en altas esferas. De compañeras a líderes por esfuerzo propio, Miraflores parece estar lejos para los rostros más reconocidos de la política actual.

De la primera dama del país a la primera combatiente. Ministras y fiscales a lo largo de dos décadas y media de un clima político cada vez más complicado. A simple vista, pudiera decirse que en Venezuela, la representatividad política de las mujeres es obvia y con un peso específico. No obstante, al revisar la vida cultural y social de los últimos dos siglos, esa suposición se disuelve para volverse una preocupante brecha de género. Porque sí, Venezuela tiene un lugar en la historia para sus mujeres, pero no el más firme o significativo. Mucho más, cuando todos los procesos que lograron la igualdad de género — o al menos, impulsaron la iniciativa en direcciones correctas — llegaron tarde y de manera incompleta al país.

¿Parece exagerado? No lo es tanto cuando se analizan las fechas de los logros de representatividad de las mujeres y la paridad, incluso el simple derecho a votar, en el marco de una línea cronológica preocupante. Los orígenes de los primeros logros en Norteamérica del movimiento sufragista, datan de finales de la década de 1840. Para 1865, la ola de ideas que, exigiendo que las mujeres pudieran votar sin supervisión masculina, se extendió por Europa de manera imparable. Los primeros debates, alentados por textos de proto feministas como Mary Wollstonecraft, dejaron en claro que las mujeres necesitaban ejercer el poder político. Que era imperativo para sociedades y democracias perdurables.

El germen de esa posibilidad, se extendió entonces hacia Latinoamérica, que tuvo su primer paso en la dirección correcta en el Primer Congreso Feminista de Yucatán, de 1916. Allí, se debatió en voz alta la obligación de los gobiernos de reconocer a las mujeres como ciudadanos de igual categoría que los hombres. Lo que llevó a una discusión — larga y tortuosa — acerca de la moralidad, la ética y la política, todo enfrentado a la adolescencia jurídica femenina y la forma de brindar libertad a las ciudadanas. 

En Venezuela, todo lo anterior apenas tuvo un eco en los últimos años de la década de 1920 y solo se debatió en firme alrededor de los primeros años de la siguiente. Con las protestas estudiantiles de 1928, la voz de las mujeres — cultural y política — se convirtió en un elemento a tener en cuenta. Y aunque es evidente que se debió al retraso político e intelectual que sufrió el país a manos del dictador Juan Vicente Gómez, las consecuencias fueron complicadas de sobrellevar a futuro. Organizaciones como la Agrupación Cultural Femenina (ACF), fundada el 15 de octubre de 1935 por Cecilia Núñez Sucre, apenas dio el primer espaldarazo al reconocimiento femenino en instancias de influencia, casi para la segunda mitad del siglo XX. 

Venezuela y las mujeres con voz política

A pesar de la aguerrida lucha de mujeres como la de la pionera de derechos feministas Carmen Clemente Travieso, la cuestión del voto — y el poder — de las venezolanas siguió siendo relegado a una segunda instancia. El 5 de mayo de 1945, se logró finalmente la reforma de la Constitución de los Estados Unidos de Venezuela de 1936. Lo que permitió el voto parcial femenino, sometido a las restricciones acerca de la capacidad para leer y la edad requerida. Solo a la caída de Isaías Medina Angarita, en octubre de 1945, la Junta Revolucionaria de Gobierno insistió en un estatuto que permitió el voto universal para mayores de 21 años.

Lo que, claro, permitió votar a las mujeres sin otra limitación que las legales. Pero eso no quiere decir que fuera un logro feminista concreto. Únicamente, fue un triunfo en la manera en que el país comenzó a analizar la cuestión de la representatividad política. Un éxito mayor para las mujeres involucradas en la política, fueron los logros en la Asamblea Nacional Constituyente de 1946. En ella, resultaron electas 12 mujeres diputadas y 11 suplentes

Se trata del primer gran triunfo a tener en cuenta en un país en que todavía a mitad de 1950, una mujer solo podía recibir asistencia médica si el esposo lo permitía. Uno, de considerable importancia, si se recuerda que el código civil permitía al hombre asesinar a la esposa si esta le era infiel. De modo que, a pesar de esos pasos pequeños, la verdadera vocación política de las mujeres — y el cómo se expresa — debió esperar unas décadas más.

¿Y un presidente mujer? Mejor no hablemos deltema

Recién en 1988, la política y abogada Ismenia Villalba, hizo historia en Venezuela al convertirse en la primera mujer en lanzarse a presidente. Como candidata de URD (Unión Republicana Democrática), la campaña se enfocó en su cualidad “de corazón” y en el que hecho en que era esposa del político Jóvito Villalba. Pero nadie la tomó en serio o al menos, jamás estuvo entre las posibilidades fuera escogida. Su participación fue más una anécdota que un verdadero peso en la contienda, Tanto así, que apenas obtuvo, 61.732 votos, lo que supuso menos de (0,84%) en medio del escrutinio.

Nada ha mejorado para las mujeres y su participación política en los últimos cuarenta años. De hecho, el más reciente informe acerca de la participación política de las mujeres Venezuela del Centro de Justicia y Paz (Cepaz), publicado en 2023, muestra un panorama preocupante. De un recrudecimiento de las posturas discriminatorias por género a las barreras normativas, legales e incluso, morales. La situación de las mujeres es más complicada ahora que nunca.

Pero más allá de obstáculos legales, está el hecho que las mujeres siguen siendo consideradas poco preparadas para la afirmación y el desempeño político. Irene Sáez, que se enfrentó a Hugo Chávez en las históricas elecciones de 1998 con su propio partido IRENE (Integración y Renovación Nueva Esperanza), que fundó ese mismo año, terminó en medio de un debate incómodo acerca de su capacidad. Tanto, que el naciente chavismo lo aprovechó para ridiculizarla y convertirla en la “candidata de la derecha”. Poco después, no solo perdió buena parte de la intención de voto a su favor. También, se convirtió en un precedente controvertido acerca de la posibilidad de una mujer presidente en el país. 

En el informe de Cepaz, la cuestión está clara. “Mientras hay más poder, hay menos mujeres”, señala el documento. Lo que parece reflejarse en medio de una situación política tan tensa como la venezolana. Además, señala que a las mujeres se le sigue considerando y otorgando, un papel secundario en cualquier desempeño público. Lo que incluye, la posible capacidad para liderar, los destinos del país. 

De Maria Corina Machado, que se convirtió en adalid del descontento y ahora, cumple el papel de llevar sobre los hombros una campaña simbólica que no le pertenece, a Tamara Adrián, que tomó la iniciativa de ser la primera mujer transgénero que aspirara a una candidatura. Los esfuerzos en Venezuela parecen pocos y enfocados a la mujer — o en todo caso, a la figura femenina — como la que brinda apoyo al candidato de turno o encarna un momento histórico. Nunca la posibilidad de ser elegida. Aunque hay una buena cantidad de representatividad de mujeres en las bases de los partidos, lo cierto es que muy poco probable que alguna mujer llegue a la presidencia. Eso, si las condiciones actuales se mantienen. 

Visibilidad vs. representatividad

Susana Reina, psicóloga, feminista y que como directora de FeminismoINC, trabaja por el empoderamiento de las mujeres y conciencia de género colectivo, considera que el tema del poder en Venezuela es duro. No solo por la amplia herencia histórica de machismo — que convierte a la participación y representatividad política de las mujeres en un reto — sino también, por la batalla contra el conservadurismo venezolano

Heredado quizás de las décadas en que era impensable que figuras femeninas ejerciera cargo de poder, a menudo se ha confundido visibilidad con representatividad. Lo que el chavismo llevó a otro nivel, a incluir a una serie de mujeres en puestos claves, sin que ninguna de ellas, tenga verdadera relación o influencia en las instancias más complejas de los intereses políticos. Al otro extremo, la oposición también desmerece con frecuencia la participación femenina, en beneficio de lograr beneficios políticos inmediatos. Lo que convierte a las mujeres, en elementos secundarios, en una carrera política que necesita triunfos contundentes y no tanto emblemáticos.

Para Reina, el punto es más complicado, cuando es evidente que las mujeres venezolanas están efectivamente preparadas para el poder. “Hay capacidades, talentos. Hay igualdad formal pero no sustantiva. En realidad, es una ilusión, basada en la autonomía, pero sin que las mujeres tengan acceso pleno a ser elegidas o formar parte de las decisiones del poder. Lo que hace que, aunque haya una gran cantidad de mujeres organizando, trabajando y luchando, en realidad, no tienen poder real”. 

Todo lo anterior se traduce en que ser elegida para un cargo político de peso, pase por el hecho de que la hipotética candidata atraviese todo tipo de obstáculos. “El acoso, la violencia dentro de los partidos, la idea que una mujer pueda ser elegible, que en Venezuela se traduce a que atraviesa el hábito del líder carismático” explica Reina. 

La gran cuestión, por supuesto, es si podría haber una presidenta mujer. Para Susana Reina, se trata de un elemento concreto que debe resolverse. “Podría haberla, por supuesto, pero tendría que romperse el pacto de misoginia, que hay y se establece en el poder, lo cual evita que una candidata sea considerada una opción real. Un acuerdo tácito, que supone que las mujeres no tienen la suficiente representatividad o liderazgo — o que este último, no es natural — como para lograr volverse elegibles”, puntualiza la experta. 

«Podría haberla, por supuesto, pero tendría que romperse el pacto de misoginia, que hay y se establece en el poder»Susana Reina, psicóloga, feminista y directora de FeminismoINC

Esperanza en el horizonte

Por otro lado, la escritora, periodista y analista Luz Mely Reyes, directora y cofundadora del medio digital Efecto Cocuyo, está convencida que poco a poco pueden darse las condiciones para una candidata y después, una presidenta mujer. Reyes, que ha dedicado el último año a explorar en su podcast “Con la Luz”, todo lo relacionado con la carrera política venezolana que culmina el 28 de julio, encuentra evidentes cambios en el panorama. Al menos, a futuro.

Más optimista, está convencida, que según lo que hemos visto en los últimos años — líderes femeninos capaces de movilizar multitudes y de articular un discurso atrayente con el electorado — si es posible una mujer presidenta. “Sobre todo, en vista del reciente caso de María Corina Machado, que como varias analistas apuntan, tienen la particularidad de haber marcado agenda y punto de mira en todo el continente”, explica Reyes.

Y aunque reconoce que “en la actualidad, evidentemente, las mujeres no están en esas estructuras de poder que permiten detentarlo”, poco a poco, todo podría conducir a la posibilidad de una mujer sentada en la silla de Miraflores.

Claro está, Venezuela vota por la figura que, emocionalmente, considera más emblemática, lo que hace más dura la travesía de las mujeres hacia el poder. “También el hecho, que las mujeres han sido relegadas a cumplir roles más bien complementarios o no protagónicos, en cuanto a la actividad política y pública, también afecta que se le perciba como aspirante al poder”. Con todo, quizás Venezuela nunca ha estado más cerca de aceptar a las mujeres como parte integral de cualquier proceso político. Una buena noticia que podría cambiar la democracia de Venezuela a mediano plazo.

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