carecer de historia nos convierte en ciegos de nuestra propia idiosincrasia nacional / Beatriz Briceño Picón

La licenciada Beatriz Briceño Picón, hija de Mario Briceño Iragorry, sostuvo en una entrevista concedida en febrero de 2016 que su padre, al igual que Caracciolo Parra León y José Gil Fortoul, entre otros intelectuales, lograron revitalizar la historia, formaron un grupo revisionista donde más adelante se dan las coincidencias conceptuales más destacadas de ellos, específicamente: la colonia.

A esta colonia la describen como un reservorio de personajes importantes donde existen hombres intelectuales, se encuentran a los indígenas, se da la mezcla de las diferentes clases sociales y por eso Venezuela no comienza su historia republicana el 19 de abril de 1810, ni el 05 de julio de 1811, sino a partir del año de 1777 cuando se funda la nación venezolana, explica Beatriz Briceño

Símbolo de justicia

La hija del ilustre trujillano argumenta que, dentro de la concepción histórica, Francisco Heredia representó la corona con una piedad heroica y con una integridad total de hombre probo a carta cabal, que tenía piedad de justicia a toda prueba. “En todas las oficinas de los abogados deberían tener un retrato de Heredia como símbolo de justicia integral”, agrega.

Se aprendió más de Casa León

Señala Briceño (hija) que Antonio León se movía como un gran marqués en toda la República, ejerciendo sus cargos de relevancia en la vida pública y defendiendo sus intereses. No lo considera como un hombre íntegro, a diferencia de Heredia. Briceño enjuicia que el pueblo venezolano aprendió más de Casa León que del Regente Heredia. “Casa León representó a los oligarcas de la época, y los de ahora”.

En la opinión de Beatriz Briceño, los militares están para defender la soberanía de Venezuela, el ejército tiene competencias para defender las instituciones del país, mientras que los civiles son los que deben hacer la democracia y defender los intereses de la República.  A su discernimiento, Casa de León y el Regente Heredia crearon estereotipos que se repiten en la historia política contemporánea de Venezuela.

La hija de Mario Briceño Iragorry cree que su padre consideraba la historia como la visión que tiene un hombre de hacer sus cosas con libertad desde su entorno, en el cual entiende que sus acciones deben ser trascendentes para él, para las instituciones y el mundo. La heredera del ilustre trujillano da enfatiza que al carecer de historia nos convertimos en ciegos de nuestra propia idiosincrasia nacional.

Paradigmas a seguir

Beatriz Briceño resalta que las obras Casa de León y su Tiempo y el Regente Heredia o la Piedad Heroica son dos arquetipos o paradigmas que sirven para estudiar al político de Venezuela uno delante del otro. Cree que estos textos están hechos por una sola persona (Mario Briceño Iragorry) que quiso crear dos arquetipos con la finalidad de representar la unidad, entendiéndose que unidad no es uniformidad. Agrega que el autor de estas obras tenía como objetivo que se debe pensar en la unidad de país de manera complementaria. Insiste que su padre quiso plantear en el mundo civil dos modos de realización de la historia política de Venezuela, uno malo y otro bueno, uno que se debe seguir y otro no. Casa de León es un perverso mientras que El Regente Heredia es justo.

Justa memoria

Luis Javier Hernández Carmona en su trabajo “El concepto de la historia revisado desde Mario Briceño Iragorry” publicado en el año 1997, afirma que Briceño Iragorry insistió en darle continuidad a la “justa memoria” que media entre las conmemoraciones y el olvido.

“El objeto de Mario Briceño – dice Hernández – es presentar las formas antiguas como elementos indispensables para el proceso de reelaboración de la cultura que corresponde a cada generación”.

Reflexiona que no se puede mejorar lo que no se conoce, no se puede crear cuando se ignora la resistencia de los elementos donde se fundará la nueva obra.

Añade Hernández que, desde esta perspectiva, se evidencia una de las mayores “intencionalidades” de Briceño Iragorry a partir de la triada individuo-región-patria, como el sustento de todo principio de interpretación histórica que debe comenzar con el individuo mismo y su conexión con el espacio local, para luego ensancharlo con el colectivo que involucra la noción de patria a modo de modelo de virtudes.

Manifiesta Hernández que el hombre, tanto por su valor de individuo como por su significado integrador de las entidades sociales (pueblo, religión, ejército, raza) es el verdadero sujeto de la historia. Explica que el individuo en la actividad de crear hechos es el protagonista de la pasividad de estar incluido en la propia realidad de los procesos colectivos.

A criterio de Hernández, las tertulias, las historias que se conversan y se recrean al mismo tiempo, son voz y memoria que hacen anécdotas cercanas que permiten admirar los hechos cotidianos y hacerlos historia-discurso, para luchar por la autenticidad significada desde la cotidianidad.

La historia no es pasado muerto

Javier Hernández es de la idea que la historia no puede concebirse como “pasado muerto” que solo sirve para intensificar las grandes fiestas conmemorativas. Cuestiona que a lo largo del tiempo los historiadores tradicionales nos han llevado a concebir la historia como pasado muerto. Recalca que Briceño Iragorry insiste en la mayoría de sus escritos a persuadir que la historia más que pasado estático, es instrumento de creación.

Hernández enfatiza que Briceño Iragorry acudió a la historia personal para compartirla con su entorno – y allí – hallar la savia nutritiva del pueblo que se transformó en el origen de su escritura. Precisa que no es seguir rindiendo culto y homenajes al brillo de las armas (historia militar), sino revisitar la historia desde sus constructores y bajo los perfiles éticos de las acciones y propósitos (acciones civiles).

Bajo esta concepción, Hernández cree que la historia se hace reflexión, movimiento y dinámica que permite reactualizar los discursos a través de la cotidianidad.

La Historia se está haciendo, no solo entre la polilla de los antiguos anaqueles, sino en plena calle llena de sol y movimiento, por hombres que libran la batalla civil que conduce a la exaltación de los ideales de justicia que Dios ha propuesto como estímulo en nuestra carrera hacia lo perfecto e infinito (…) No es vivir de las acciones heroicas sino de las virtudes que las alentaron de tipos valientes que pudieran servir para una especial ejemplificación”.

Tomando en cuenta todas estas aseveraciones, el concepto de historia de Mario Briceño Iragorry no se limita en abordar la etapa independentista venezolana, sino que examina en el accionar de civiles, que, aunque no son venezolanos, incidieron en la naciente institucionalidad republicana de Venezuela (1810-1817).

Los esfuerzos de Briceño Iragorry por construir una historia integral se ven reflejados en las obras Casa de León y su Tiempo y El Regente Heredia o la Piedad Heroica, porque prolongan la visión de historia al no desarraigar su inicio desde la era de la gesta de Independencia, sino que indaga en parte importante del pasado español, de la era colonial que vio nacer la hoy conocida República Bolivariana de Venezuela.

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