La crisis tiene rostro de Mujer| Por: Hermanlyg Rios López

Abogada Hermanlyg Rios López

(1 junio 2026) La más reciente edición de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI 2025), presentada por la Universidad Católica Andrés Bello, dejó al descubierto una realidad que millones de venezolanas conocen demasiado bien: hoy las mujeres no solo sostienen emocionalmente a sus familias, también cargan con el mayor peso económico, doméstico y social del país.

Actualmente hasta 60% de los hogares venezolanos tiene a una mujer como principal proveedora y jefa de hogar, cifra que revela mucho más que un cambio en la estructura familiar. Habla de una crisis que transformó silenciosamente el rostro del sostenimiento económico en Venezuela y que terminó colocando sobre las mujeres responsabilidades históricamente invisibilizadas.

Mientras la economía venezolana continúa intentando recuperarse, son millones de mujeres quienes mantienen a flote los hogares en medio de salarios insuficientes, servicios públicos deteriorados y una profunda desigualdad en la distribución de las tareas de cuidado. Y aunque muchas poseen niveles educativos incluso superiores a los de los hombres, esa preparación académica no se traduce en igualdad de oportunidades laborales.

La ENCOVI 2025 evidencia una de las contradicciones más duras de la realidad venezolana: las mujeres estudian más, pero participan menos en el mercado laboral. Apenas el 39% de ellas forma parte de la actividad económica, frente al 72% de los hombres. No se trata de falta de capacidades, sino de la ausencia de condiciones que permitan compatibilizar el trabajo con las responsabilidades familiares.

Porque en Venezuela trabajar fuera del hogar tiene un costo oculto para muchas mujeres. En un país donde los sistemas públicos de cuidado prácticamente no existen, incorporarse al mercado laboral implica también resolver, casi en solitario, quién cuida a los hijos, a los adultos mayores o a los familiares dependientes. Muchas veces, el salario ni siquiera alcanza para cubrir esos gastos. El resultado es una enorme cantidad de mujeres atrapadas en la inactividad económica no por elección, sino por obligación estructural.

A esto se suma una carga de cuidados profundamente desigual. Según la encuesta, cerca del 70% de las madres participa activamente en las actividades escolares de sus hijos, frente a apenas un 4% de los padres. Las mujeres siguen siendo las principales responsables del acompañamiento educativo, de la organización doméstica y de la atención emocional de la familia.

Y cuando fallan el agua o la electricidad (situaciones cotidianas para millones de venezolanos) la carga también recae sobre ellas. Son las madres quienes

reorganizan horarios, resuelven emergencias y sostienen la dinámica familiar en medio de la precariedad. Incluso la educación de los hijos termina viéndose afectada: la ENCOVI señala que muchas inasistencias escolares están relacionadas con fallas de servicios básicos.

Pero esta realidad no puede analizarse únicamente desde lo económico. También es una problemática de derechos humanos. Cuando una mujer debe asumir simultáneamente la manutención del hogar, el trabajo doméstico y el cuidado familiar sin apoyo suficiente, se vulneran derechos fundamentales como la igualdad de oportunidades, el acceso al trabajo digno, el descanso, la salud física y emocional, e incluso la posibilidad de desarrollar proyectos personales.

La desigualdad que enfrentan las mujeres venezolanas no es casual ni aislada. Tiene raíces estructurales y culturales que durante décadas asignaron el cuidado como una responsabilidad casi exclusivamente femenina. Y aunque hoy muchas son jefas de hogar, esto no ha venido acompañado de mejores condiciones laborales ni de mayores garantías económicas.

Por el contrario, persisten la informalidad, los salarios precarios, las barreras asociadas a la maternidad y la falta de políticas públicas capaces de aliviar la carga de cuidados. Las más afectadas siguen siendo las madres solteras, las cuidadoras no remuneradas, las mujeres en situación de pobreza y aquellas que tienen bajo su responsabilidad personas mayores o con discapacidad.

La ENCOVI también advierte que la desigualdad económica incrementa otras formas de vulnerabilidad. La dependencia económica y la precariedad laboral reducen la autonomía de muchas mujeres y dificultan que puedan salir de entornos violentos o denunciar situaciones de abuso. A esto se suma el agotamiento físico y emocional provocado por una sobrecarga constante de responsabilidades.

Por eso, la recuperación económica de Venezuela no puede pensarse sin las mujeres. El país necesita políticas públicas que reconozcan el valor económico y social del trabajo de cuidados, impulsen sistemas de apoyo reales y permitan que millones de venezolanas puedan desarrollarse plenamente sin tener que elegir entre trabajar o cuidar.

Porque mientras las mujeres sigan sosteniendo solas el peso de la crisis, la desigualdad continuará siendo una de las heridas más profundas de la sociedad venezolana. Y aunque muchas han aprendido a convertirse en el motor silencioso de sus hogares, ninguna debería tener que sacrificar sus derechos, su bienestar o sus sueños para mantener al país funcionando.

Hermanlyg Rios López: Abogada, Especialista en Derecho Mercantil, en Derecho Tributario y en Derechos Humanos. Egresada del Diplomado Mujeres como Agentes de Cambio, organizado por Mujer y Ciudadanía

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