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Madonna cumple 65 años tras superar su momento más difícil: la reina madre renace otra vez

En 1978 Madonna Louise Ciccone llegó a Nueva York con sólo 37 dólares en el bolsillo. Fue su primer viaje en avión y su primer viaje en taxi, pero estaba decidida a hacer carrera. Como las grandes divas, se presentó desde el primer momento apenas con su nombre de pila. Desde entonces se reinventó muchas veces, pero esta es la primera vez que vuelve de la muerte

Madonna habla en el escenario durante la 65ª entrega de los Premios GRAMMY en Cryptocom Arena el 05 de febrero de 2023 en Los Ángeles California Photo by Frazer HarrisonGetty Images

Fuente: Infobae

Por: Mercedes Funes

16 de agosto 2023

“Me di cuenta de lo afortunada que soy de estar viva”. El mensaje tiene sólo dos semanas, la fecha de la última reinvención de Madonna, una impensada hasta hace poco, cuando parecía tener la fórmula de la eterna juventud y una energía inagotable para seguir bailando como en sus comienzos. Pero la infección bacteriana que la llevó a ser hospitalizada en terapia intensiva el 24 de junio último puso todo en suspenso, incluso la esperada gira global Celebration, una retrospectiva de sus cuatro décadas de reinado en la música pop.

La noticia alarmó a sus fans en todo el mundo el 28 de junio, cuando su manager histórico, Guy Oseary, compartió un comunicado donde informaba sobre la grave infección de la diva, que la había obligado a permanecer varios días en una unidad de cuidados intensivos. Unos días antes Madonna se había desvanecido en su casa tras varias semanas con fiebre y vómitos. Como estaba en medio de los ensayos para el tour que debió haber comenzado en Vancouver a mediados de julio, dejó pasar los síntomas. Tuvo suerte de salvarse.

Ya fuera de peligro, agradeció a sus amigos y muy especialmente a sus seis hijos. Fueron “la mejor medicina”, aseguró, y dijo que cuando todo parecía estar mal, los chicos mostraron un costado desconocido y se convirtieron en su apoyo incondicional: “Nunca los había visto así”, aseguró. Enfocada en su salud, pudo mostrarse recuperada junto a tres de sus hijas –Stella (17), Estere y Mercy (10); tiene también a Lourdes (26), Rocco (23) y David Banda (17)– en el último concierto de Beyoncé en Nueva York. Queen B le dedicó esa noche un homenaje durante su show: en las pantallas de video gigantes se leía “reina madre Madonna”. Acababa de nacer de nuevo y no era la primera vez.

Madonna subió a su Instagram fotos con dos de sus hijos asegurando que ellos la ayudaron mucho durante su enfermedad
Foto: Instagram/MadonnaMadonna subió a su Instagram fotos con dos de sus hijos asegurando que ellos la ayudaron mucho durante su enfermedad Foto: Instagram/Madonna

Quizá en estos días de incertidumbre afiebrada, forzada a un limbo de quietud tan ajeno a ella, la renacida reina madre repasó otra vez su trayectoria y se reencontró con esa que fue antes de los más de 300 millones de discos que la convirtieron en la artista femenina más vendida y mejor paga de todos los tiempos, antes de ser la solista que más recaudó en sus giras, antes de batir todos los récords de singles en el puesto número uno de las carteleras. Esa que fue antes de ser nombrada la mujer más importante de la música y de la historia de los videoclips, antes de entrar al Hall de la Fama y de ser coronada como la soberana indiscutida del pop. Antes de que se escribieran cientos de papers sobre su figura y de que le dedicaran cátedras académicas. Antes de que el mundo entero conociera a la cantante, compositora, actriz y bailarina como esa artista camaleónica, capaz de reinventarse siempre y de volver hasta de la muerte.

Madonna Louise Ciccone tenía apenas 37 dólares en el bolsillo y un sueño; una valija y las zapatillas de ballet cuando se inventó a sí misma por primera vez. Era julio de 1978, faltaba un mes para que cumpliera 20 años y aunque era una total desconocida, ya se presentaba en todas partes con ese único nombre, como las grandes divas. Pese a la isla de calor y cemento de aquel verano neoyorquino, estaba vestida con un largo abrigo de invierno.

La leyenda, que ella relataría desde entonces infinidad de veces, dice que ese viaje desde Michigan a Nueva York fue su primer vuelo en avión, y que el que hizo desde el aeropuerto de La Guardia a Manhattan fue su primer viaje en taxi: “No sabía a dónde ir, y le pedí al taxista que me llevara al centro de todo, así que me llevó a Times Square”. Llegar a la esquina más icónica del planeta le costó la mitad de la plata que tenía, pero no le importó. Fue amor a primera vista.

Madonna, vestida con lencería de encaje blanco, perlas y una hebilla de cinturón 'Boy Toy', en los primeros MTV Video Music Awards, celebrados en Tavern on the Green, Nueva York, Nueva York , 14 de septiembre de 1984. (Photo by David Mcgough/DMI/The LIFE Picture Collection/Getty Images)Madonna, vestida con lencería de encaje blanco, perlas y una hebilla de cinturón ‘Boy Toy’, en los primeros MTV Video Music Awards, celebrados en Tavern on the Green, Nueva York, Nueva York , 14 de septiembre de 1984. (Photo by David Mcgough/DMI/The LIFE Picture Collection/Getty Images)

Mucho tiempo después, Christopher Ciccone, su hermano menor –tiene siete, contando a Anthony, el mayor, cuya muerte en febrero pasado fue el otro gran golpe que sufrió la diva este año–, diría que no es cierto que Madonna se hubiera embarcado sin dinero en la travesía que definió su vida: había ahorrado durante meses para cumplir su objetivo. No es difícil creer en su versión, mucho más consecuente con el perfil de la chica que encontró en el baile la disciplina que rechazaba en su casa y que aunque era la estudiante más aplicada de la escuela de danzas de la Universidad de Michigan –donde había sido becada gracias a la insistencia de su profesor y mentor, Christopher Flynn–, entendió que tener una carrera era más importante para ella que graduarse. Y que para lograrlo tenía que mudarse a Nueva York, epicentro de la era disco.

Había nacido en Bay City – “un pueblito oloroso al norte de Michigan”, lo llamó en una entrevista de 1987 para escándalo de autoridades y habitantes locales– el 16 de agosto de 1958 en una familia católica, conservadora y numerosa. El padre, Anthony Tony Ciccone, hijo de inmigrantes italianos, era ingeniero y diseñaba para Chrysler y General Motors. Por su trabajo se mudaron a Pontiac y a Rochester Hills, al norte de Detroit. La madre también se llamaba Madonna Louise. Nonnie, como le decían cariñosamente para distinguirlas, fue la primera hermana mujer después de Anthony y Martin. Enseguida la seguirían Paula, Christopher y Melanie.

La señora Ciccone tenía poco tiempo para otra cosa que no fuera la crianza de los chicos. Madonna siempre la recordó como una madre devota. Cuando estaba embarazada de Melanie le diagnosticaron cáncer de mama y sus hijos la vieron consumirse hasta su muerte, apenas unos meses después del nacimiento de la beba. Tenía sólo 30 años. La pequeña Nonnie tenía 5, pero esa muerte tan temprana marcó su carácter. Como le dijo en 1989 a la Rolling Stone: “Si mi mamá estuviera viva, yo sería otra persona. Yo sería una persona completamente distinta”. En una de sus primeras entrevistas en televisión, dijo también: “Cuando superé el dolor fue como si me propusiera, ‘De acá en más me voy a cuidar sola, voy a ser fuerte”.

Madonna modeló para escuelas de arte cuando era joven (Foto: Instagram)Madonna modeló para escuelas de arte cuando era joven (Foto: Instagram)

Incluso siendo tan chiquita, por ser la mayor de las mujeres de la casa, Madonna se aferró a su padre y asumió un rol maternal con sus hermanos. Solo y con seis hijos a cargo, el hombre no tardó en volver a casarse con su ama de llaves, con quien tuvo a Jennifer y Mario. Fue otro golpe para la Reina del Pop, que tardó años en aceptar la unión. Chocaba con el padre y también con su madrastra, que insistía en vestir iguales a todas las hermanas. Fue uno de sus primeros actos de rebeldía: Madonna hacía todo lo posible para verse distinta. Cortaba las remeras, se subía más la pollera y se peinaba con moños y jopos o se ponía sombreros.

Era una de las mejores alumnas de su clase en los colegios confesionales St. Frederick’s y St. Andrew’s. También una de las de peor comportamiento, que neutralizaba a fuerza de buenas notas. En el recreo hacía acrobacias y dejaba que los chicos le vieran la bombacha. Uno de sus biógrafos, Mark Bego, dice que “nunca fue inocente”. Descubrió muy pronto el sexo y sabía cómo atraer a los varones. Siempre estaba de novia y fue porrista en la secundaria Rochester’s Adams aunque, como ella misma definió muchas veces “no era una chica normal, sino más bien solitaria. No me maquillaba ni me depilaba como el resto de mis compañeras. Siempre estaba buscando otra cosa, quería ser buena en algoser alguien”.

Esa búsqueda la resolvió con la danza. Todos sus hermanos tomaban clases de piano y música clásica, pero a ella le gustaban Stevie Wonder, The Supremes y Diana Ross. Convenció a su padre para que la anotara en una escuela de ballet. Así conoció a Flynn, su primer maestro, que encontró en Madonna a su alumna más dedicada. En su estudio y frente al espejo el rigor era parte de su entrenamiento diario. Y eso que afuera no acataba ninguna regla.

Fue Flynn el que intercedió para que siguiera con su carrera de bailarina en la Universidad de Michigan, donde él daba clases. Tenía tantas condiciones, que le dieron una beca total. Su compañera de cuarto en el campus contó hace años que, para entonces, Madonna ya se destacaba también por su estilo. “Era flaca, linda, inteligente. Usaba mucho delineador, pantalones ajustados y remeras baggy. Estudiaba hasta los sábados y era siempre la primera en llegar al aula. También me enseñó a robar en las tiendas disimulando detrás de nuestros bolsos de danza”, revela en uno de los tantos documentales que intentan contar la verdad sobre su ascenso y con los que la diva nunca está de acuerdo; el control estricto y personal de su biografía es parte de lo que la convirtió en estrella.

La cantante norteamericana posaba desnuda por primera vez en su carrera, en el Art Worlds Institute of Creative Arts, alrededor de 1977 en Ann Arbor (Photo by Jeff Hochberg/Getty Images)La cantante norteamericana posaba desnuda por primera vez en su carrera, en el Art Worlds Institute of Creative Arts, alrededor de 1977 en Ann Arbor (Photo by Jeff Hochberg/Getty Images)

Cuando la universidad le quedó chica, Madonna armó una valija y partió a Nueva York. No a probar suerte, sino a demostrar que estaba de su lado. En Times Square y con un tapado de invierno en pleno verano sintió, como nunca –y como cantó mucho más tarde en I love New York (2005)–, que una ciudad podía hacerla feliz. La recién llegada caminó unas cuadras y descubrió que un hombre la seguía. En vez de asustarse –nada podía con ella–, se dio vuelta y lo saludó.

El desconocido le preguntó por qué caminaba sola, tan abrigada y con su valija. “Es que acabo de bajarme del avión”, explicó ella. “Bueno, ¿por qué no vas a tu casa a dejar tus cosas?”, quiso saber el hombre. “Porque no vivo en ningún lado”, respondió Madonna. Entonces la invitó a su casa. Cuando Bego la entrevistó para su libro, le aseguró que había pasado las primeras dos semanas en la gran manzana durmiendo en el sillón del living de ese extraño del que ni siquiera recordaba el nombre. “Tenía que encantar a la gente para que me diera cosas”, le dijo.

Pronto consiguió trabajo atendiendo en Dunkin Donuts y se mudó a un monoambiente infestado de cucarachas en un cuarto piso por escalera en Alphabet City, una zona del entonces peligroso Greenwich Village. Su novio de la época, el baterista Steve Bray, a quien había conocido en la universidad, contó que temía al visitarla: “Tenía miedo de que los junkies me mataran”.

Había comenzado a tomar clases en el Alvin Alley American Dance Theater y no tardó en sumarse a un grupo de danza contemporánea. Todo lo que ganaba lo invertía en formarse. En 1979 empezó a tomar clases con la prestigiosa coreógrafa Marina Graham y audicionó para entrar a la compañía de baile de su discípula, Pearl Lang. Fue seleccionada más por su presencia que por su talento, en el momento y el lugar más competitivos del mundo de la danza. Lang –que murió en 2009– la recordó en una entrevista “con su remera enorme que dejaba un hombro al descubierto. Era a la vez inocente y sexy, sobresalía del resto por eso”.

Madonna en el escenario en Nueva York (Photo by Bill Marino/Sygma via Getty Images)Madonna en el escenario en Nueva York (Photo by Bill Marino/Sygma via Getty Images)

Una noche, cuando volvía al departamento del Greenwich después de un ensayo, dos tipos la amenazaron con un cuchillo y la forzaron a practicarles sexo oral. Años después le confesaría a Lucy O’Brien (Madonna: Like an Icon, 2007), que ese abuso “fue como probar el gusto de mi debilidad, me mostró que ni siquiera yo, que vivía haciendo el show de la chica fuerte, podía estar a salvo o protegerme a mí misma”. Nunca lo olvidó.

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