Por amor a Venezuela: El abrazo solidario de Magaly y sus amigas|Por: Norma Serrano

(Caracas: 11 agosto 2026) Primeramente, elevo mi infinita gratitud a Dios por su gran misericordia, por permitirme respirar, sostenerme de su mano y darme la oportunidad sagrada de seguir aquí, de pie, convirtiendo cada latido en un acto de fe y servicio hacia mis hermanos venezolanos.
Hay nombres que se convierten en sinónimo de abrazo, y Magaly es, sin duda, uno de ellos. Cuando la tierra tembló y la incertidumbre intentó quebrantar nuestro ánimo, su corazón no midió distancias ni obstáculos; solo supo responder al llamado ineludible de la solidaridad. La reciente prueba del terremoto que sacudió a nuestra amada Venezuela el pasado 24 de junio dejó cicatrices profundas, pero también sacó a relucir la fibra más noble de nuestra gente. Fue en medio de ese panorama donde surgió la chispa: una iniciativa de mi querida Magaly para llevar afecto, alivio y un granito de luz a nuestros hermanos en La Guaira.
Para que esta hermosa idea pudiera materializarse, fue fundamental el apoyo de tantas almas generosas. De manera muy especial, quiero mencionar al Centro de Acopio de la UCV y a esos jóvenes estudiantes que, desde el primer día, entregan lo mejor de sí mismos para mantenerlo funcionando. De hecho, esta no ha sido mi primera colaboración; desde el cuarto día posterior al terremoto me sumé con el corazón abierto como voluntaria en ese mismo espacio. Gracias a ese esfuerzo inagotable y compartido, pudimos reunir parte de los insumos esenciales que llevamos con el alma en la mano, sumando el apoyo y los aportes de muchos más corazones solidarios que dijeron «cuenten conmigo».

Lo que vi cristalizarse en esa jornada no nació del ego, de las formalidades vacías ni de esa necesidad superficial que busca fotografías para validarse. No. Lo que me movió a estar allí fue un compromiso genuino, un acto de amor puro irradiado desde un corazón sincero, con la firme convicción de servir en silencio por amor a Venezuela. Frente a la adversidad, la resiliencia, la empatía, la solidaridad y el amor profundo son los estandartes que verdaderamente nos caracterizan. Es esa capacidad inquebrantable de levantarnos del polvo, de ponernos en los zapatos del otro y de convertir cada paso en un faro de esperanza lo que nos define como sociedad, demostrando que somos una nación bendecida por la luz y el amor de Dios.
Ver la entrega incondicional de Magaly y de este maravilloso grupo de amigas con el que camino me confirma por qué estoy aquí. Su liderazgo cálido y su compromiso firme son la brújula que me guía a seguir adelante. ¡Gracias, Magaly, por ser esa guía luminosa, por enseñarnos con el ejemplo la grandeza de tender la mano y por recordarnos que, abrazadas en esta gran misión de amor, ningún terremoto podrá derrumbar nuestra voluntad de servir! ¡Te quiero y te admiro inmensamente! Y que este profundo agradecimiento se convierta también en un tierno y cálido abrazo para el alma de nuestra gente.
Esa ciudadanía empoderada y con propósito no es una consigna abstracta que se lleva el viento, sino un compromiso vivo y cotidiano que se siembra con acciones tangibles. Significa no desaparecer cuando se apagan las cámaras o cuando pasa el impacto inicial, sino transformar la empatía en un hábito del alma. No olvidemos a nuestros hermanos de La Guaira, porque es precisamente ahora, cuando el eco de la emergencia comienza a apagarse, cuando más nos necesitan. Cada ladrillo levantado con solidaridad y cada gesto sostenido en el tiempo son la prueba viva de que, juntos, reconstruimos nuestro hogar y encendemos la esperanza de un mañana mejor. Porque frente a cualquier prueba y más allá de las cicatrices, aquí seguimos: tomados de la mano de Dios, firmes, con el alma intacta y sirviendo por amor a Venezuela.
Norma Serrano: Magíster en Desarrollo Humano.Egresada del Diplomado «Mujeres como Agentes de Cambio», organizado por la asociación civil Mujer y Ciudadanía en conjunto con la Universidad Monteávila. Miembro del Equipo de Coordinación de Mujer y Ciudadanía.
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