Vida y muerte de las mujeres en la política|Por: Por: Ana Botella Gómez

(17noviembre 2025) «El problema de las mujeres en la política no es la falta de liderazgo, sino que ante el más mínimo poder, es percibido como una amenaza por hombres mediocres que han medrado en la política como única forma de vida».
He participado en la presentación en Valencia del libro Ellas quieren. El liderazgo excepcional de las políticas (UOC, 2025), escrito por la consultora en liderazgo público Ángela Paloma, que contó también con la intervención de Pilar Bernabé, delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana y secretaria de Igualdad del PSOE.
El libro realiza un análisis del impacto en las mujeres de los principales ejes de la política, liderazgo, igualdad, papel de los partidos políticos y de los medios de comunicación, con valoraciones y testimonios de expertas y mujeres políticas con ideologías diferentes, con ambición de ejercer un liderazgo en el espacio público, que son también madres, hijas, hermanas, nietas, esposas. Como he podido experimentar a lo largo de mi trayectoria política como secretaria de Estado de Seguridad en el Ministerio del Interior, diputada en varias legislaturas en el Congreso, delegada del Gobierno y concejal en el Ayuntamiento de Valencia, invertimos mucho de nuestro escaso tiempo de la vida personal y familiar en un sistema político que no practica la conciliación, salvo norma legal imperante.
El problema de las mujeres en la política no es la falta de liderazgo, sino que ante el más mínimo poder político, este es percibido como una amenaza por hombres mediocres que han medrado en la política como única forma de vida. Y tienen nombre y apellidos, algunos de ellos con terribles resultados para nuestros partidos políticos, porque se han estrellado en su ego de poder después de habernos apartado a nosotras de la vida pública.
Hablando en primera persona, puedo contar hasta cinco hombres que marcaron mi línea de salida de la vida política, algunos de ellos ni buenos, ni justos, ni para nada ejemplares, dos de ellos con graves problemas con la justicia, Santos Cerdán y Jose Luis Ábalos. Mi abrupta salida me sometió al trance de tener que reflexionar: ¿he fracasado?, ¿qué hice mal? Supongo que muchas mujeres, antes y después que yo, se habrán hecho las mismas preguntas, no importa el partido político ni el país al que pertenezcan. Pero mi historia demuestra que no era yo, que eran ellos. Todavía en pleno siglo XXI, los liderazgos de mujeres en altos puestos son los primeros que se cuestionan, se renuevan, o cambian, o se refrescan en las listas, o se retiran. Los de ellos, los defienden a perpetuidad. Hasta que la realidad, los ciudadanos y hasta la Justicia les pone en su sitio. En pleno siglo XXI, las mujeres aún tenemos que acogernos a la protección de las cuotas para existir en el espacio político. Todavía hoy, aunque algunos partidos retrógrados como Vox denuesten el feminismo, solo estamos en los inicios, porque dar poder a las mujeres es más exigente que dar un puesto en una lista electoral. Así, según un informe del Instituto de la Mujer en 2024, a pesar de la mayor presencia de mujeres en cargos ejecutivos de los partidos políticos, del orden del 49,5% en 2024 (frente al 45,7% en 2023), en el ámbito local, en 2023 solamente el 22,5% de los alcaldes españoles eran mujeres.
El libro Ellas quieren es necesario y oportuno, para mí ha sido hasta terapéutico, porque he descubierto cómo mujeres de diferentes opciones políticas coincidimos en temas esenciales: el derecho a la igualdad, el papel de los partidos políticos, el tratamiento de los medios de comunicación. Una de las grandes revoluciones pendientes en España es la de la organización de los partidos políticos. Es insufrible el cliché constante que exhiben de promocionar «la primera mujer que llega a», para acabar en que esa misma mujer sea la primera en salir, en dejarla caer, en cesarla por un hombre, por un compañero, por «alguien con peso político», por «alguien con peso orgánico», por «alguien que conoce a alguien», por alguien, en definitiva, que no tiene empacho en barrerte, con toda la normalidad del mundo, porque se considera con el derecho, y muchas veces disfruta con ello, de ejercer su poder sobre nosotras.
Yo quiero, nosotras queremos y, como dice Carme Artigas en su magnífico prólogo de este libro de Ángela Paloma, «ellas quieren, solo hace falta que puedan».
Fuente: 20 Minutos
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