IAE Capítulo Venezuela: De pueblo a nación| Por: Ana Cristina García

(4 agosto 2026) Venezuela antes del 24 de Junio ya atravesaba una profunda crisis política, económica, social e institucional. El doble sismo no creó esa realidad. La expuso con una crudeza imposible de ignorar.
Pérdidas humanas, materiales. Niveles de frustración y desilusión que nos confronta con duelos acumulados y con esperanzas que al día de hoy cuesta sostener. Transitamos una tensión silenciosa: una crisis de interpretación colectiva sobre lo que significa ser ciudadano en escenarios normales y aún más de alta complejidad como el actual.
Si lo político ha sido un eje importante, coincidamos que durante años hemos procesado nuestra realidad desde emocionalidades intensas, expectativas desbordadas, frustraciones acumuladas y narrativas que muchas veces apelan más a la reacción que al criterio.
Y aunque el dolor social es legítimo, existe una pregunta incómoda que pocas veces nos hacemos: ¿Qué destino nos espera como sociedad si continuamos relacionándonos más desde la pasión desbordada que desde la capacidad de sostener criterio?
La complejidad venezolana no puede seguir procesándose únicamente desde la inmediatez, la ilusión o la necesidad urgente de alivio emocional. Exige ciudadanos capaces de interpretar, evaluar y sostener dirección colectiva incluso cuando el entorno no ofrece garantías inmediatas.
Y ahí comienza una conversación difícil…pero necesaria.
1- Cultura Política
Una sociedad no ejerce mejor ciudadanía porque vote más. La ejerce cuando comprende qué significa ser ciudadano. La cultura política refleja la forma cómo los ciudadanos participan, qué esperan de las leyes y de las instituciones públicas basado en el conjunto de valores, creencias, conocimientos y actitudes que se tiene sobre el poder y el gobierno, y es difícil de digerir esa definición cuando la trasladamos al comportamiento del Venezolano.
Coloca los focos hacia adentro, hacia el individuo y su rol de ciudadano. A nuestras Ideas sobre lo que es justo, a la autoridad y nuestros derechos. A lo que usted, yo y todos entendemos sobre cómo funciona el estado y su universo de responsabilidades, y si sentimos confianza o repudio hacia el.
Lo poco o mucho que sepamos de nuestra cultura política es absolutamente medular para hacernos respetar y colocarnos en primera fila para quienes nos gobiernan. Es nuestra responsabilidad y por ello la educación es prioridad porque implica darnos la principal herramienta no solo de decisión coherente, sino la razón que evalúa gestiones.
Muchos nos definen como un pueblo pacífico, como si esa etiqueta fuese la justificación para no accionar cuando es necesario. Ser pacíficos amigos y amigos no está en guerra para generar cambios. Lo que si lo está es no asumir nuestro rol de ciudadanos informados y educados.
2- La Trampa de la pasión:
Un espejo incómodo. Durante décadas, una gran parte del tejido social venezolano ha operado desde una emocionalidad visceral y pasional. Esto no es un asunto inherente a la preparación intelectual; es un fenómeno multifactorial arraigado en nuestra historia, la educación, el oportunismo y en la memoria histórica de generar recursos producto de la preparación y el propio esfuerzo.
Bajo el tutelaje de un sistema que impone límites y sus intereses, ha florecido un entramado de voces con más sentido de figuración que de país. Emisores de opiniones y posiciones que terminan siendo más destructivas que constructivas. Cuando la masa se guía por esta influencia, el resultado es el fanatismo y circuitos de amplificación emocional que muchas veces movilizan más reacción que criterio.
Hoy leo a personas que expresan sentirse profundamente traicionadas por el entorno o por sus liderazgos. Sin embargo, lo más difícil y doloroso de reconocer es que el primer quiebre muchas veces ocurrió dentro de nosotros mismos. Nos traicionamos en el preciso momento en que dejamos de ser ciudadanos ponderados, con una emocionalidad gestionada, para darle paso al fanatismo y la polarización desmedida.
Desbordar ilusiones ante liderazgos que muchas veces han sido consecuentes con su propia verdad y luego colapsar en la frustración es el pasaje directo para buscar culpables afuera, eludiendo la responsabilidad individual de lo que cada uno decidió comprar y defender.
3- Pueblo vs. Ciudadano
Desde el marco de la Inteligencia Adaptativa Emocional IAE™ trazamos una línea quirúrgica entre dos conceptos que se confunden en el ruido diario. Entendiendo pueblo como categoría de funcionamiento colectivo emocional:
| El Pueblo | El Ciudadano |
| Opera desde la herida y la pasión | Evalúa la gestión con datos y criterio |
| Crucifica cuando la ilusión se rompe | Exige rendición de cuentas y evalúa |
| Reclama soluciones mágicas e inmediatas. | Asume la responsabilidad individual de su entorno. |
Tradicionalmente nos ha guiado un liderazgo que nos ve y nos trata como pueblo, pero no como ciudadanos. Y ocurre por una triste razón: porque así nos percibimos a nosotros mismos y desde esa misma carencia reclamamos o exigimos soluciones.
Pedir «elecciones ya» sin apuntar a una infraestructura externa e interna que las sostenga, no es una estrategia; es un razonamiento inconsciente que busca cambiar el síntoma sin sanar la enfermedad del sistema.
Hacer las cosas «a la venezolana» no puede continuar significando el sostenimiento de una cultura del menor esfuerzo, el ventajismo, la inmediatez o la viveza criolla.
De un plumazo no se puede suplantar ni sustituir una manera de pensar formada y robustecida dentro de un sistema, estamos de acuerdo. Requiere un replanteo profundo, incluso del concepto de los partidos políticos que han funcionado o fallado bajo esos mismos códigos.
La pregunta: ¿vamos hacia esa dirección? ¿se ha propuesto?
4- El liderazgo cívico
Un liderazgo político y social adecuado al escenario actual es, y debe volver a estar ligado a una vocación de servicio público. Ser servidor público es cumplir una función, brindar servicios de utilidad social y satisfacer las necesidades de la comunidad, rigiéndose estrictamente por principios de legalidad, honradez y eficiencia. Ser servidor público no otorga inmunidad; ni política, ni sindical, ni moral.
Mientras algunos liderazgos suben el ruido en sus mensajes para alimentar la pasionalidad del pueblo, otros los necesarios, equilibran el mensaje para convocar al ciudadano. Apuntando a recuperar la confianza pública a través del ejemplo, la ética y la coherencia, donde la dignidad y el bienestar del ciudadano estén en el centro.
5- Definición-Liderazgo IAE™ para la nación:
El líder hoy no es el que tiene todas las respuestas ni el que alimenta ilusiones temporales. Es quien sostiene claridad, criterio y dirección cuando el entorno ya no ofrece certezas. Es el que puede operar y hacer operar a otros desde una infraestructura interna que no colapsa bajo presión, capaz de sostener adaptación, interpretación y evolución bajo la complejidad venezolana.
6- El momento del Ciudadano
Posiblemente la reconstrucción más importante que hoy necesita Venezuela no sea únicamente la de sus carreteras, sus puentes o sus ciudades. Sea la reconstrucción del ciudadano capaz de sostener la nación que queremos habitar
Llegó el momento de abandonar la fauna y asumir la nación. La complejidad actual de Venezuela no nos pide más pasión; nos pide identidad profesional y cívica para el escenario actual.
El desafío en el tablero venezolano; es que los actores aprendan a reconstruir el valor del ciudadano en medio de una realidad que cambió y que nos exige, obligatoriamente, una disciplina externa e interna inquebrantable en función a las exigencias.
Pasemos de juzgar a evaluar. De la ilusión al criterio y finalmente, de ser pueblo a ser Nación, integrada por ciudadanos que merecemos y tenemos la responsabilidad de sostenerla, y aún con el dolor que nos embarga, reconocer que estamos ante una oportunidad única para hacer de nuestro país lo que nos dignifica, ser Venezolanos.
Y tengamos presente, que la ciudadanía tiene una responsabilidad irrenunciable, pero esa responsabilidad no sustituye la que corresponde a las instituciones, al liderazgo político ni al estado. Las complementa.
Ana Cristina García: Estratega de Liderazgo Adaptativo. Arquitecta de Inteligencia Adaptativa Emocional (IAE™ + IA).Capítulo Venezuela / Hagámoslo distinto. Egresada del Diplomado Mujeres como Agentes de Cambio, organizado por la asociación civil Mujer y Ciudadanía conjuntamente con la Universidad Monteávila
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